Roció Larrañaga descubre la derecha de Punta Brava

Descubre cómo la vigente campeona peruana, de las más importantes tablistas de los años 80’, descubrió una de las olas de salón más hermosas del Perú.

  • Autor y Fotos: 5000 Años Surcando Olas
  • 16/05/2016
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Rocío Larrañaga / Foto: Archivo personal
Una ola trascendental fue descubierta en esta década desde un avión. En 1982 Rocío Larrañaga Leonhardt, haciendo el viaje de ida hacia Arequipa, observa por la ventana del avión unas espumas que reventaban ordenadamente en una desconocida isla ubicada al frente de la península de Paracas. Al regresar a Lima, entusiasmada le comentó su hallazgo a su novio Luiggi Boza. Dos años después, un amigo del trabajo de Luiggi, Lucho Alcázar, quien practicaba la pesca submarina, les mencionó a la joven pareja de esposos, que en la isla Independencia había visto unas olas apropiadas para practicar tabla. Esta noticia los estimuló y decidieron organizar un viaje para explorar ese lugar ignoto. Convocados a una reunión en la casa de los padres de Luiggi, en una agradable noche de verano, Rocío y Luiggi revisaban los planos de esa zona con unos amigos. En esta reunión también estaba Andrés, hermano de Luiggi, quien comentó que recientemente había ido a la isla San Gallán a pescar con su amigo Enrique Dibós y que aprovechó para fotografiar las olas que reventaban allí. Inmediatamente todos revisaron las fotografías de esas olas. Se veían bien formadas, pero algo chicas. “Esa es la isla que yo vi desde el avión, es la que está ubicada al frente de la península”, exclamó Rocío señalándola en el mapa. Entonces se tomó la decisión unánimemente. Ya no viajarían para explorar la isla Independencia, ellos harían una excursión a la isla San Gallán. Rocío y Luiggi tenían un amigo que era piloto de avión, Herbert Berger. Le pidieron que cuando sobrevolara esa isla, observara si veía olas. Al poco tiempo les llegó la ansiada confirmación y el grupo de expedicionarios viajó hacia Pisco en el mes de octubre de 1984. Al llegar al puerto de San Andrés, buscaron a los pescadores y al día siguiente, a las cinco de la mañana, un poco antes que empiece el amanecer, estaban a bordo del bote “Bismark”, Carlos Echecopar y Charo Vásquez, Peter Mongilardi y Ana María Valdés, Luiggi Boza y Rocío Larrañaga. Ellos emprendieron esa travesía llevando sus tablas, carpas y las provisiones e implementos necesarios para dormir en la isla. Durante el viaje, en las amigables conversaciones con los pescadores, uno de ellos les dijo: “que reventaban unas olas caracol” en Punta Brava. Le pidieron entonces a los pescadores que se dirijan hacia ese lugar y al llegar, observaron el mar y no había olas. Luego se dirigieron al norte, hacia una playa desierta de la isla San Gallán ubicada frente a cinco pequeños islotes. Uno de ellos estaba repleto de lobos marinos. Los pescadores no desembarcaron, porque existe una superstición sobre esta isla. Las parejas pasaron la noche en una incómoda playa de piedras, donde había esqueletos de lobos marinos, lagartijas y mucho viento. Tenían que ponerles piedras encima a las sartenes y a los platos para que no salgan volando.

La comitiva / Foto: 5000 años surcando olas
Al día siguiente, luego de tomar el desayuno, los pescadores de San Andrés los recogieron en su bote “Bismark”. Luiggi, Carlos, Peter y Rocío se pusieron los wetsuits. Charo y Ana María tomarían fotos. Se dirigieron hacia Punta Brava y al llegar se encontraron con la gran sorpresa ¡habían olas! Inmediatamente ingresaron al mar y al comienzo no estaban muy bien ubicados, porque ese día estaba ingresando un oleaje y las olas que reventaban eran cada vez más grandes. “Fue algo maravilloso para nosotros, pues se confirmaba que era un nuevo lugar para correr tabla. Todos sentimos una gran satisfacción mientras corríamos ola tras ola, no lo podíamos creer” fueron las palabras que Rocío escribió al contar la historia de este magnífico descubrimiento en la edición N° 14 de la revista Tablista. Luego de una larga sesión, regresaron al campamento y prepararon el suculento almuerzo. Más tarde los comentarios del lindo descubrimiento sólo se interrumpieron naturalmente al anochecer. Al día siguiente regresaron a Punta Brava y disfrutaron nuevamente esas maravillosas olas que jugosamente disfrutaron.

La ola de Sangallan / Foto: Susu Nasser

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