Kon-Tiki la balsa que llegó a la Polinesia desde el Perú
El noruego Thor Heyerdhal encabezó un equipo de cinco hombres con el que se propuso comprobar el origen americano de las Polinesias
Olasperu.com
01/04/2016
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En 1947 el antropólogo y explorador noruego Thor Heyerdahl, basándose en la leyenda de Wiracocha, se propuso demostrar que los antiguos peruanos sí tuvieron contacto con la Polinesia. Para tal efecto, construyó una balsa de catorce metros de longitud en el puerto del Callao, y emprendió un viaje de siete mil kilómetros y tres meses de duración. El destino: el archipiélago de Tuamotú de las Islas Polinesias. El objetivo: probar que la Polinesia fue colonizada hace mil quinientos años por los antiguos navegantes del Perú.
Heyerdahl estaba convencido que existió entre los primitivos moradores del Perú un desarrollo extraordinario que habría estado relacionado, según las leyendas, al arribo de una raza de semidioses encabezada por un príncipe sacerdote representante del sol. Las teorías de Heyerdahl podrían resumirse en los siguientes términos: estos hombres, hoy desaparecidos, habrían constituido la clase gobernante. Se diferenciaban de los habitantes nativos por la blancura de su cutis, la elevada estatura, la nariz aguileña y la barba ondulante, y su último reducto en América habría sido el altiplano que circunda el lago Titicaca. De ahí fueron expulsados finalmente por los antecesores de los Incas; pero Kon-Tiki, el príncipe sacerdote, se salvó con algunos compañeros de una terrible matanza escapando hacia la costa, para desaparecer para siempre en las aguas del océano Pacífico.
La intención de Heyerdahl es bastante explícita: en la dirección que habría tomado Kon-Tiki para escapar quedaban las innumerables islas de la Polinesia.
Para poner a prueba la posibilidad de efectuar aquel viaje, Heyerdahl construyó y equipó una balsa lo más parecida posible a la que debieron usar los navegantes de antaño. A esta balsa, Heyerdahl la bautizó con el emblemático nombre de Kon-Tiki. Nueve grandes troncos de madera de balsa de unos sesenta centímetros de diámetro, atados unos a otros formaban la base. Sobre estos troncos, Heyerdahl colocó, como vigas transversales, nueve troncos más pequeños; cubrieron la base con un piso hecho de cañas de bambú y en el centro se construyó una cabina para guardar y proteger el equipo de radio, los delicados instrumentos meteorológicos e hidrográficos, además de los objetos personales.
Frente a la cabina montó una vela rectangular de seis por cinco metros; y en la popa puso un largo remo-timón. Formaron parte de la expedición; Herman Watzinger (35), ingeniero mecánico a cargo de las observaciones hidrográficas y meteorológicas; Erik Hesselberg (33), piloto y fotógrafo de la expedición; Bengt Danielsson (27), encargado de todo lo concerniente a comida y agua; Torstein Rabby (29) y Knut Haugland (30), ambos operarios de radio.
El 28 de abril de 1947, salieron del Callao remolcados por una nave de la armada peruana que los llevó mar adentro. Una vez en libertad, izaron la vela donde iba pintada la cabeza de Kon-Tiki. Luego de desafiar peligros innumerables, como tormentas, flujos y reflujos de las corrientes, vientos huracanados que soplaban en direcciones contrarias, olas gigantescas que amenazaban con volcarlos, enormes tiburones que merodeaban alrededor de la balsa, sin encontrarse con ningún barco en la ruta y viendo cómo los troncos de la balsa se cubrían con una capa de algas a medida que pasaban los días, irrumpieron en mar abierto, lejos de todas las rutas comerciales empleadas actualmente por el hombre. Durante la travesía, Heyerdahl y sus compañeros llegaron a varias conclusiones:
Cualquier barca prehistórica que se hubiese aventurado a ir demasiado lejos durante una expedición de pesca en alta mar, habría sido arrastrada por la corriente peruana o de Humboldt para verse inevitablemente lanzada en la misma ruta que ellos seguían. Además, Heyerdahl concluyó que hubiera sido imposible que estos antiguos pescadores pudieran haber pasado hambre, puesto que todas las noches caían peces voladores sobre la cubierta de la Kon-Tiki, mientras que en los troncos se enredaban abundantes cangrejos comestibles. En cuanto al agua, las constantes lluvias tropicales que caían sobre la balsa permitían a los viajeros hacer acopio del vital elemento.
Luego de 93 días de navegación, el 30 de julio, los expedicionarios divisaron la costa de Puka-Puka, uno de los atolones más orientales del grupo de islas Tuamotú. Cuatro días después, llegaron a la isla de Amgatu, donde avistaron una aldea rodeada de árboles gigantescos y a decenas de polinesios que los miraban asombrados. Dos nativos se acercaron en una canoa y subieron a bordo de la Kon-Tiki para abrazar a los expedicionarios noruegos. Eran los primeros seres humanos que veían tras 97 días de ardua navegación, sin embargo, las duras condiciones les impidieron llegar a la playa y, luego de una lucha titánica que duró tres días, la Kon-Tiki encalló en el atolón de Raroia, del archipiélago de Tuamotú, con la tripulación felizmente a salvo.
Naufragaron en un extremo del atolón y se quedaron cuatro días solos, sobreviviendo gracias al agua de las lluvias y a las frutas de la playa. Finalmente los polinesios los encontraron y los llevaron en sus canoas a una isla donde habitaban ciento veintisiete nativos hospitalarios. Poco después, un barco de la marina francesa, el Tamara, rescató a los aventureros noruegos, para finalmente llevarlos a Tahití. Antes de despedirse, los nativos bautizaron a Thor Heyerdahl con el nombre de Varoa Tikaroa, y a todos sus compañeros de viaje les pusieron también nombres de los héroes que, según sus leyendas, fueron los primeros en llegar a estas islas. Esos nativos eran los descendientes de Maui Tiki Tiki, quien vino a las islas Polinesias por el mar desde una lejana tierra ubicada donde se levanta el sol en la mañana.
Luego de sobrevivir a semejante aventura, Thor Heyerdahl editó sus filmaciones del viaje, produciendo un documental que ganó un Oscar de la Academia en 1951. Antes, publicó en 1948 el excelente libro titulado: La expedición de Kon-Tiki, una verdadera joya de la narrativa de aventuras.
Heyerdahl y sus expedicionarios, lograron demostrar su teoría que las antiguas embarcaciones peruanas poseían las cualidades necesarias para llegar a las islas polinesias. Demostró que en el viaje no faltaban agua ni comida, pues la lluvia y la pesca bastaban. El único problema para los antiguos peruanos era la resistencia de la balsa y la pericia para orientarse. Sin embargo, la Kon-Tiki demostró ser lo suficientemente resistente, y que la corriente arrastraba a las embarcaciones directamente a la Polinesia.
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