El descubrimiento de Cerro Azul, una ola de salón

A 131 km de Lima, se encuentra uno de los balnearios más representativos del sur chico. Esta es su historia.

  • Olas Perú
  • 5000 Años Surcando Olas
  • 24/03/2020
  • 7288
Escuela de tabla Olas Perú

Sergio Barreda en su casa de Cerro Azul

Algunos años antes, en 1961 para ser exactos. Otra rompiente legendaria se sumaría al puñado de playas donde los peruanos practicaban la tabla. Fue divisada por primera vez desde la carretera Panamericana a fines del verano de 1961 cuando, regresando de su hacienda en Chincha, Mota Navarro y un grupo de amigos, volvían a Lima. Un amigo de los tablistas y músicos de California, The Beach Boys, llamado John Severson, que entre otras cosas era el dueño de la Surfer Magazine, fue quien distinguió el oleaje estrellándose contra las rocas y algo le hizo sospechar que las buenas olas estaban cerca. Severson se hallaba en el Perú filmando un documental de tabla, y guiado por su espíritu aventurero convenció a sus compañeros para desviarse de la carretera y tomar la vía hacia Cerro Azul.

Vista de playa Cerro Azul Solo pescadores y tablistas. Aún no habían casas en el point

Junto a Mota Navarro y John Severson, estaban algunos tablistas, cuyos nombres bastarían para imaginar la película perfecta. Ellos eran Raúl Risso, Pocho Caballero, Carlos Aramburú, Joaquín Miró Quesada y Felipe Pomar. Parados frente al mar de Cerro Azul, los siete tablistas se quedaron mirando las olas, esperando que el cambio de mareas o un viento fuerte las hiciera crecer. Cayó la noche y los siete volvieron a la hacienda de Mota porque decidieron regresar al día siguiente. Al llegar el amanecer, el milagro había ocurrido: olas de metro y medio entraban ordenadamente en la bahía, deslizándose a lo largo de más de cien metros hasta llegar al muelle. Las olas que se corrieron, las maniobras que hicieron, los tubos que se metieron y, especialmente, la película que Severson hizo de aquella memorable sesión, probaron que Cerro Azul era uno de los descubrimientos más grandes de la década.

De izquierda a derecha Joaquín Miró Quesada Rafael Hanza Ivo Hanza y Sergio Barreda.

Hasta el día de hoy, Cerro Azul es la playa favorita de cientos de tablistas, algunos de ellos tan célebres como el Gordo y el Flaco Barreda. La relación entre la playa de Cerro Azul y la familia Barreda es conocida por todos. En 1962 construyeron la primera casa de playa en la hermosa bahía y doña Sonia, junto a sus hijos Sergio y Carlos, se convirtieron en los primeros tablistas en disfrutar permanentemente una de las olas más perfectas y legendarias del mundo. Los hermanos Barreda estudiaban en el colegio Champagnat (cuna de tablistas talentosos), y cada vez que el mar se ponía bueno, Joaquín Miró Quesada y Miguel Plaza iban al colegio a recogerlos. Un buen día, el director del Champagnat llamó urgentemente a doña Sonia Barreda, para preguntarle qué iban hacer sus hijos con su vida, correr tabla o estudiar. Doña Sonia, con la elegancia que la caracterizaba, miró al director de pies a cabeza y respondió: “Sergio, Carlos, agarren sus cosas porque nos vamos a la playa”.

Carlos Barreda, Sonia Costa de Barreda y Sergio Barreda en su casa de Cerro Azul

Los hermanos Barreda terminaron el colegio sin mayores problemas y pronto habrían de convertirse en dos de las figuras más importantes de la tabla nacional. Nadie duda, sin embargo, que gran parte de la experiencia que los llevó a convertirse en excelentes tablistas, se debió a las interminables sesiones que disfrutaron en Cerro Azul. En un excelente artículo escrito por Carlos “El Flaco” Barreda en 1967 encontramos una hermosa descripción de esta rompiente: “Cerro Azul parece creado pensando en los tablistas; es el sitio perfecto, el que puede darles todo lo que buscan: olas, sol, ambiente. Es un sitio cerrado, una playa de salón; está aislado del resto del mar por unas rocas negras y puntiagudas, que se blanquean de espuma al reventar una ola. En la pequeña bahía el agua es tranquila como una laguna: sólo se destaca una perfecta formación de olas; todas siguen un orden establecido, comienzan y terminan en un sitio fijo, se van formando a una velocidad constante, son perfectas; no son grandes, son del tamaño que me gusta: un metro y medio de promedio; es la ola que yo puedo dominar en vez de ser llevado por ella, es donde puedo rendir todo lo que soy capaz, porque la ola ya hace todo lo que se le puede pedir.

Cerro Azul en la actualidad / Foto Archivo

El sol de la tarde da a Cerro Azul un color dorado, una suave brisa de playa hace que las olas tengan una cabellera rubia al reventar; el agua es fresca y contrasta con la salada picazón del sol en mi espalda. Podría pasarme toda la vida corriendo estas olas, no se me puede hacer monótono; es lo más que puedo desear”. Sentado en su consultorio de Miraflores, el doctor Carlos Barreda nos habló con amor de su adorado Cerro Azul: “Me acuerdo, por ejemplo, de una semana entera, en mayo de 1966. Joaquín Miró Quesada, Ivo Hanza y yo en Cerro Azul, con olas perfectas día y noche: todo para nosotros tres. No creo que esto pueda suceder en otros lugares del mundo, donde muchas veces se ve a docenas de tablistas peleándose a muerte por una miserable ola. Tenemos suerte, estamos mejor que ellos”.

Compartir en:


Olas Perú

Olas Perú

Somos un medio web que tiene la responsabilidad de mantener informados a nuestros usuarios con lo último del acontecer en el surf a nivel local y nivel internacional. Para ello gestionamos publicaciones interesantes acompañadas de fotos y videos con la intención de informar lo mejor posible y con atractivo visual cada detalle relevante que ocurra en el deporte del surf.


Surf travel
La Milonga del Santito
Promo boz abril
Olas Perú Mini Groms

Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter