Tener un día increíble en el agua en la que todo sale como lo planificaste, es uno de los mayores anhelos de todo surfer. Meterte la mayor cantidad de tubos con salida posible, aplicar los aéreos a la perfección y que desarrolles tus maniobras como todo un pro, de hecho que convertirá tu día en el mejor de tu vida. Pero en la vida real, contrario a las escenas que te imaginaste, no todo sale a la perfección.
Aunque la mayoría de nosotros estamos a acostumbrados relacionar las pesadillas con la noche y el estar dormidos, en estos cinco casos que te mencionaremos a continuación, no se necesita estar bajo un profundo sueño para que se convierta en una terrible pesadilla.
-Perder tu vuelo en tu surftrip soñado es una de las pesadillas que nunca queremos experimentar. Tenemos todo empacado listo para salir, pero atorarte en el tráfico o confundirte en tu hora de salida, son algunos de los trágicos factores que harán que pierdas tu vuelo y vives una verdadera pesadilla.

-Ser atacado por un tiburón es una de las pesadillas más heavy de esta lista. Y es que nadie quiere encontrarse, ni mucho menos ser mordido, por este indeseable “pececito”, que 1. Te puede sin un brazo o una pierna, o 2. Simplemente hace que no regreses a casa.

-Que te asalten y te dejen tolaca en la playa. Una pesadilla que no se aleja de la realidad. La inseguridad y los robos en nuestro país se han vuelto el pan de todos los días que los amigos de lo ajeno ya no respetan nada. Se llevan hasta la cera, y no contento con eso esperan a que salgas del agua para llevarse tu tabla y tu wetsuit y dejarte calatito en la arena.

-Una racha interminable de olas de 10 pies en la cabeza y que se te rompa la pita es una de las pesadillas que no le deseamos ni a nuestro peor enemigo. Si con un serión del tamaño de un edificio comenzamos a pedirle a diosito, imagínate cómo sería cuando se te rompa la pita y tu tabla se estrelle contras las rocas.

-Que te lesiones y te alejes del agua por varios meses es otra de las pesadillas de todo surfer. Lesionarte tan feo que no puedas correr durante muchos días se convierte en una tortura porque no solo tienes que tomar reposo sin salir de tu casa, o en el peor de los casos sin moverte de tu cama. Tienes que soportar la conversa de tus patas que hablan de sus épicas sesiones y de los viajes que planificarán, perdiéndote de toda la acción.
