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Artículo: Punta Hermosa: La Isla y Punta Hermosa, cuna de campeones, excelentes tablistas y gente linda - Parte 3

Autor: Autor: Javier Castro D.
Publicado el: 30/06/2015

Una mirada personal al pasado de unos de los lugares más representativos de la tabla hawaiana en el Perú.

Javier Castro D. nos presenta un artículo especial dividido en cuatro entregas sobre uno de los distritos insignias del surfing limeño, Punta Hermosa. A continuación les presentamos la 3ra entrega llamada “La Isla y Punta Hermosa, cuna de campeones, excelentes tablistas y gente linda”.

Una de las cosas que hacen de este lugar y balneario uno de los mejores lugares en el mundo para correr olas es la calidad y vibra de sus gentes. Estoy seguro de que esa expresión coloquial “La Gente Linda” nació en alguna de esas noches de verano, chacota y vacilón en el malecón, allá en los ochentas. La gente de Punta Hermosa es bien alegre, divertida, bien surfer y nos une un amor incondicional por la vida, la playa, el mar y sus increíbles olas.

Para cuando tuve quince años, logré convencer a mi viejito para que me suelte un billetito y pude al fin echarle mano a una twin fin Squalo brasilera celeste con blanco y naranja por 100 dólares con pita y funda a unos brasileros en las sombrillas del malecón en Playa Central. Los brachicos al terminar su viaje remataban sus equipos y se conseguían buenas tablas y baratas. Con esa tabla mi estatus de rider bien equipado se consolidó.

Jimmy Buchanan llegó un verano con una Special verde loro que le había mandado hacer su viejo a Rodolfo Klímax cuando este se iniciaba en el shaiping, una o dos temporadas más tarde Jimmy sacó una GB amarillo con rojo y blanco y cuando la vi decidí que mi próxima tabla sería una GB. Pechuga llegó todo gozador con una Town & Country nuevecita y Juan Alvaro Rossell con una G&S que tenía la pintada más paja que he visto hasta ahora en tabla alguna.

En un acto de desprendimiento y empujado por un poco de bullying que me hicieron Tom, Huguito y Yeye Gambetta permití que sacrificáramos la TANAKA a arponazos y le encendimos fuego en la playita al costado de La Isla en honor a Neptuno, Yemanyá y los demás dioses del surf para que nos manden buenas olas. Por supuesto que la crecida nunca entró pero igual fue un vacilón incendiar la tabla.

Ese año llegué a La Isla por primera vez no si antes haber pasado por Costadito, Medio y El Troca, las infames secciones inferiores de La Isla. Mis primeros drops en La Isla fueron emocionantes y me engancharon para siempre. Hasta ahora La Isla es mi spot favorito en el mundo. Podrán haber olas más tubulares y perfectas pero como La Isla no hay.

Ya me sentía parte de la elite de tablistas que corría la Reventazón. Me cayeron olas grandes encima y si bien me ajusté en algunos patos pude comprobar también que era capaz de negociar esas espumas.

En esas épocas empezaron las incursiones a la zona de Señoritas y Caballeros e inclusive El Silencio y su derechita inédita. Solo se podía acceder a esas playas caminando por las rocas desde Playa Norte y las familias organizaban picnics y campamentos que duraban a veces un par de días y las mamás llevaban canastas con comida y bebidas y nos pasábamos horas buceando, pescando, explorando las peñas, marisqueando y corriendo las olas perfectas de esos points cuando no habían cambiado tanto y eran prácticamente playas vírgenes.

Recuerdo que en la zona que ahora es el estacionamiento en la playa de Señoritas había una laguna de agua salada que se formaba cuando la marea y las crecidas empozaban el agua de mar. Decían que era una laguna encantada habitada por duendes marinos porque cuando tomabas la arena gruesa de la playa y la arrojabas sobres esas aguas, emitían un sonido como de campanillas. Era mágico en verdad.

Arriba, en la pampa, había un sola construcción desde el pueblito de Santa Cruz hasta El Silencio. Era una casa derruida y abandonada en medio de la nada y le llamábamos la Casa de la Brujas. Cuando el mar estaba gigante caminábamos hasta allí como gran aventura y luego nos colocábamos en el borde del acantilado para ver como corrían Pico Alto los grandes tablistas. Ver como se bajaban esas masas enormes de agua parece una actividad casi mitológica cuando eres un chiquillo. Seguramente estábamos viendo, sin saberlo, a grandes maestros como Miguel Plaza, Felipe Pomar, el gringo Hanza, a Pancho Aramburú, al Cholo Bouroncle, a Mota Navarro, a Héctor Velarde a Joaquín Miro Quesada o al Chino Oscar Malpartida.

Fueron veranos inolvidables que ahora parecen tan lejanos pero permanecen como los años en los que yo y mis amigos nos curtíamos en la solidez de las olas de Punta Hermosa. Mar limpio, fuerte, intenso, sólido y muchas veces perfecto. Se ponía épico increíble, sólido y definitivamente ha cambiado, muchas rompientes ya no son lo mismo y eso es una pérdida de incalculable valor.

En esos años aparecieron riders que salían de las diferentes zonas de Punta como los Merino Reyna, Dani Linares, el estilazo currenseco de Bryan Pierce, Bomba Borda, Ricky y Agucho Moreno, Los Zanabria, Los Camet y Antonio Pejovéz de Playa Norte, Waro Coquis Chiozza, Renato Meza, Tato Vargas, Humberto Olcese, Ulises, Quincho y el colorado Gustavo Dongo. También estaban los mayores que ya eran tablistas consolidados y rompían en los campeonatos y eran una referencia para los que veníamos de atrás. Se me vienen a la cabeza nombres como Mario Chocano, el recordado chato Juan, Juan Pablo Rondón, Fela, Javier Huarcaya, Miguelito Aizcorbe, los hermanos Klimax, los hermanos De La Rosa, Zugui, Pierre Rodrigo, el Negro Handabaka, Ronald Raygada, los hermanos Ciccia, Oscar Odonell, Pepe Romo, los Rhode, Ricky Labarthe que venía de SBR a correr , el chato Aspíllaga, los hermanos Roberto y Ricardo Meza, Sergio y Coco Landeo, Coqui Tramontana, la Papa Fernandini, Martín Jerí, Coqui Pozo, Los hermanos Villarán, Los hermanos Cacho, Kimba, Luisfer Goméz de La Torre y por supuesto los legendarios Wawa Parraud y Titi de Col. Siempre admiré el surfing de los hermanos Wayo y Tato Gubbins y por supuesto el de Herbert Mulanovich.

Era increíble por ejemplo esos días épicos de verano en los ochentas de Señoritas, con las olas glass, solidazo de dos a tres metros, solazo y agua caliente. Todo el día, tres cuatro entradas con olas tubazo y unas paredes perfectas para destrozar con harto power y gente de peso en el agua. No era un playa para cualquiera y lo que veías era surfing de alto nivel y calidad. Salías y la playa sembrada de chicas preciosas en bikini, bronceaditas. Una escena de playa perfecta y natural. Un cevichito en el kisoko de Cecilia y Paco y luego te tirabas en una hamaca de red bajo un sol y sombra a esperar tu siguiente entrada, a ver a la gente rompiendo en el agua, arrullado por el sonido de los olones reventando al fondo y el tintineo de un móvil de conchitas que colgaba de algún madero. Fácil en los parlantes sonaba Santana, Led Zepellin, Dire Staits o Steel Pulse. Olía a cera Sex Wax, a bronceador de coco a canchita salada.

Que bestia que clásico y surfer que era Punta Hermosa en esos años!!… Lo sigue siendo, pero cuesta trabajo y da pena aceptar que esa esencia tan natural y tan mística se fue para nunca más volver.

El próximo verano estaba surfeadazo porque había corrido todo el invierno en La Pampilla, Makaha, Punta Roquitas, Tres Picos y Redondo y la Herradura. Tenía una Gordo Barreda de tres quillas mandada hacer e inspirada en las pintadas de las tablas de Buzzy Kerbox y una Wayo roundpin blanquita nuevecita. Tenía mi quiver.

Recuerdo que ese verano mi madre me presentó a Julio Balbuena que fue mi tutor y mi maestro de surf durante algunas temporadas enseñándome varios secretos y técnicas y eso me ayudo a pulir el estilo. Solíamos incursionar en su van serferaza a Caballeros y Señoritas, al Silencio, a Pulpos y Arica a correr las campanas perfectas los días chicos a veces a San Bartolo a correr las derechitas o Peñasco, Huayco y Santa Rosa. A veces nos metíamos a navegar en su Hobie Cat y nos corriamos olas en Kontiki.

Ese año gané el campeonato del Club Náutico de Punta Hermosa y ya nadie me bajaba del coche. Ese invierno quedé segundo en el campeonato de mi colegio y el siguiente verano pasé tres o cuatro series en los nacionales de Punta Rocas con una Nirvana mágica que le compre al che Rodrigo Gamarra en San Bartolo (por lejos es la mejor tabla que he tenido). De allí nunca más volví a competir por que no me gustaba, no era mi nota.

Las primeras entradas a El Paso, Playa Norte, Kontiki, Punta Rocas no se hicieron esperar. Pico Alto vino un poco después. La progresión estaba completa y ya era un tablista formado y hasta el día de hoy no he dejado de serlo. Es parte de mi patrimonio y de mi naturaleza.

La temporada del verano del 89 que para mi ha sido la mejor de todas, se armó un manchón muy especial en Punta Hermosa con una gente linda como Pechuga Bernales que siempre se quedaba en mi casa o en la de Motita Navarro, estaba El Mono Velarde, su hermano Héctor, los López, José Schafinno, Javier García, Ivo Berenguel, Chuck Jordan, el Colorado Benny, Martín Pestana, el chino Coqui Alva, Claudio Reyes, Alfonso Rouillon, Carlitos Zevallos, Carlos Velarde, Michel Suárez, Pamela Portugal, Alejando Sierra, Carlos Manrique, el sorprendente Omar Renteros, Patrick Van Hingoven, Choclito Sabogal y su desaparecido hermano Mariano, los hermanos Pedraglio, los hermanos Pierce. De Lima venían los hermanos Cipriani, el colorado Vidal, los Arrarte, Marquitos Ingunza, Patrick Schofield, el Cholo Lecca, Renzo Zazzali, Alberto Arévalo, Gustavo Gallo, Juancho y Carlos Zapata, Cesár y Raul Ríos, Jaime Gonzales, Carlos Salazar, Jaime Venegas, Panchito Parodi, Charles Cárdenas, Rodolfo Mendieta, Germás Aguirre, Los mellizos Barclay, Gustavo Gallo, Leoncio Prado, Augusto Brignardello, Fernando León, Oscar Yzaga, Augusto y Herbert Allen, José de Cossio Raúl Villa, Cuchito Ragúz. Gabriel Larco, Jose Luis Dupuy. Desde Villa incursionaban siempre Fernando Barco, los mellizos Morelli y Roy Torres.

Siempre te cruzabas en el agua con muchos amigos entrañables y por supuesto con la gente linda de Santa Cruz, los locales verdaderos, los que viven aquí todo el año desde siempre. Jarita que desde pequeño destacó por su talento y arrojo en las olas grandes, su hermana Analí que vino tiempo después, los hermanos Vidal especialmente Huguito, los tradicionales y entrañables hermanos Del Castillo, Pichón con el estilazo backside y tantos otros nombres que hoy la memoria ya no recuerda y cuyos rostros a veces suelo encontrar entre las callecitas de Punta o en sesiones de La Isla.

En la actualidad hay varios chibolos locales de Punta que la rompen y que son hijos de esa primera generación de tablistas locales de Santa Cruz, siendo Joaquín Del Castillo, el tablista local con más proyección en la escena de alta competencia del país, Ricardo Cruzado, Miluska Tello y Saulo Vidal son también parte de esta nueva generación de locales que la rompen hoy en día y que tienen esa casta local en las venas.

Uno de esos veranos mi hermana menor Alexandra incursionó en las olas con su corchito y luego se graduó a la tabla y se convirtió en una de las chicas más chargers de Punta. La Chi le dicen y es local del El Paso y es una de mis tablistas favoritas.

De las nuevas generaciones aparecieron algunos de los mejores corredores de olas que ha visto el Perú como los hermanos Alvaro y Kina Malpartida, Gabriel y Augusto Villarán, Pancho y Kiko Galdós, Herbert, Sofía y Matías Mulanovich, César Bauer, Daniel y Mateo Gubbins, Jonathan, Ignacio Salazar, los hermanos De la Puente, Totito De Romaña, Percy Pardo, Cristóbal y Nadja De Col, Carlos Mario Zapata, los hermanos Sebastián y Alonso Correa, Brissa Málaga, Harold Koechlin, Jerónimo y Joaquín Castagnetto, los Tramontana, Alejo Loret de Mola; entre muchos otros más.

En la actualidad hay toda una generación de nuevos exponentes que mantienen vigente esa calidad y raza del tablista Punta Hermosino. Mención aparte merece la trayectoria competitiva de Miguel Tudela Chiozza. Reconocimiento aparte merece todo el séquito de Picoalteros, esa cofradía de guerreros silenciosos que han dedicado su vida a domar la legendaria rompiente de ola grande en Punta Hermosa.

Seguro se me escapan muchos nombres y personajes pero todos y cada uno forman parte de legado y la historia de este increíble lugar y me siento afortunado, honrado y bendecido de haber compartido con ellos olas, vivencias y memorias. PHC!!!

Texto y fotos por: Javier Castro D. / Olasperu.com

 

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