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El Chavo en Acapulco: De la Vedette a la Cobra en el mismo swell

Autor: Joaquín Coloma
Publicado el: 12/09/2014

Comprobé que correr las olas más sorprendentes del planeta requiere mucho talento, habilidad, simpleza y humildad de la mano con mucha disciplina, entrega y pasión.

Haber sufeado Pico Alto (Perú) y Puerto Escondido (México) en la crecida del 3 al 6 de julio ha sido sin duda el surf trip más alucinante e intenso de mi vida. Se pronosticaba este swell GIGANTE y se confirmó el campeonato en Pico.

Días antes del campeonato me llamó mi brother y surf partner desde la infancia Kodiak Semsch y me dijo para ir a Puerto a correr el mismo swell allá, como lo hicieron Gabriel Villarán y Greg Long en el 2010. Sin pensarlo le dije “Vamos!”… y colgué. Si lo pensaba 2 minutos más iba a encontrar 10 excusas para no ir.

¡Guuuulp! ¿En verdad me acababa de comprometer a ir a ese lugar donde las olas decapitan a los humanos y hay calabozos submarinos con monstruos que te jalan los pies? Puesto que nunca había corrido Puerto antes, solo eso me podía imaginar.

Llegó un momento en el que ya no podía seguir mirando el forecast en internet y la expectativa de todo el mundo en facebook. Estaba recontra ansioso, sin duda, pero también sabía que veníamos entrenando muy duro hacía meses, teníamos bastante físico y habíamos corrido prácticamente todas las crecidas en Pico Alto, cosa que te curte y te da confianza para un viaje como este. Era una oportunidad única en la vida y la comitiva (Kodiak, Gabriel Villarán y algunos de los pros que vinieron para el campeonato de Pico) inmejorable y memorable. Al final, fue mucho más alucinante que eso.

Sufear olas grandes requiere una rutina de vida muy especial, sobre todo si no eres un pro, sino un simple mortal con un surfing promedio, con un familión y un horario de oficina que casi siempre entra en conflicto con una crecida. Es dedicarle mucha energía física y mental a un solo objetivo. Tienes que obsesionarte un poco. Horas de entrenamiento a la hora que sea, buena alimentación, cero juerga, MUCHA visualización del objetivo y sobre todo, irremplazables horas en el agua con olas grandes.

El early en Pico antes del campeonato (jueves 3) estuvo súper difícil. La “Vedette” de nuestro litoral no la iba a poner fácil para la primera fecha oficial ASP del tour mundial de ola grande. El swell tenía mucha fuerza y en mi única ola pagué un patazo. Recuerdo que Twiggy me dijo al entrar al primer heat: “thank God you are Ok bra”. En perspectiva, ese pato fue algo positivo, pues logré guardar esa ola directo en el cajón de la confianza.

Motivado por el gran resultado de los peruanos en el campeonato y alucinado por haber sido testigo de Pico Alto en su máximo esplendor y en primera fila (estuve buena parte del campeonato en el channel porque ayudé a Kodiak con su tabla de repuesto), ya estaba recontra listo.


En la noche, luego de la despedida familiar con largos abrazos, de pronto me vi rodeado en el aeropuerto de todos estos superhéroes de las revistas y videos de Billabong XXL, Greg Long, Jamie Mitchel, Ken “Skindog” Collins, Nick Lamb, entre otras celebridades como Sam George, el que hizo la película “Riding Giants”. Twiggy Baker lamentablemente tuvo que cancelar su pasaje a Puerto porque un revolcón en Pico lo jaloneó tanto que la pita le fracturó el tobillo. Claro ejemplo de lo fuerte que estaba el swell. Si bien en ese momento me parecía estar rodeado de gigantes de titanio con 4 pulmones que pueden bucear 10 minutos, en realidad estaba rodeado de personas normales de carne y hueso, recontra buena onda y sencillos, con mucha experiencia claro, pero con la misma expectativa, nerviosismo y ansiedad por llegar a Puerto en un swell como el que acababan de correr en Pico.

Puerto nos recibió el viernes 04 con un sol radiante y el clásico viento on-shore de las tardes, con intimidantes campanas mutantes de 3 metros de altura reventando a escasos 100 metros de la orilla. Todo parecía imposible. Un valioso comentario de Kodiak ayudó a bajar la ansiedad: “lo bueno es que las espumas se desinflan altoque al acercarse a la orilla”. Al terminar la tarde se desató una gran tormenta, lluvia torrencial, rayos y truenos, y fuertes vientos que sacudían las palmeras. Esa tormenta hizo que los siguientes 2 días las condiciones estuvieran épicas durante todo el día. En ese momento no imaginábamos que de los siguientes 2 días de olas saldrían al menos 10 nominaciones al Billabong XXL Award, incluyendo probablemente el tubo más bravo de esos 2 días, el de Gabriel Villarán.

Finalmente ahí estaba yo, el “Chavo en Acapulco”, rodeado de 2 súper chargers peruanos y cuanto “rock star” de la ola grande podía imaginar. La mañana del sábado 05, después de una rutina completa de desayuno, estiramiento, la enserada de tabla más meditativa de mi vida e invocaciones a cuanta fuerza divina pude recordar, finalmente estaba parado en la orilla. Cuando Puerto está gigante es casi imposible (o suicida) tratar de entrar directamente al frente de los picos, porque te expones a que te caigan campanas de 7 metros en la cabeza y te manden directo al manicomio en camisa de fuerza. Caminamos como 800 metros hasta un punto en el extremo de la bahía que es de fácil acceso al point y luego remamos unos 20 minutos, mientras una enfocada rutina de respiración y concentración nos preparaba para la sesión.

Finalmente llegamos al point y me vi ahí sentado, inflado como pez globo con toda la flotación que traía en el cuerpo, y con la boca abierta alucinando el perfil de esos gigantescos tubos perfectos (y otros no tan perfectos) de 5-7 metros que reventaban y estremecían todo. Puerto Escondido es un lugar muy especial, donde ocurre un fenómeno natural que deja a cualquier ser humano, tablista o no, totalmente impresionado. Es una ola que espontáneamente surge frente a ti como una “Cobra” gigante, perfecta y preciosa. Es una sirena que si te llega a hipnotizar estás perdido, pero sino, te dejará una de las visiones y sensaciones más maravillosas que un surfer puede anhelar.

Las olas descargaban tanta energía que removían brutalmente todo el fondo de arena generando enormes remolinos, tanto que en un momento pensé que en una de esas explosiones aparecería un chino succionado desde el otro lado del planeta.

En un día como ese, hasta el más charger escoge bien su ola. Todos están alertas y nadie busca un “cerrojo”. No es raro que durante una sesión de toda una mañana uno corra 1-2 buenas olas. Luego de casi 4 horas de muy atenta observación, de remar incansablemente contra las fuertes corrientes, de contar los segundos de cada revolcón, de haber visto a Gabriel “dropear” verticalmente un olón con una gun de 9´4 pies, y luego de unos cuantos intentos intencionalmente frustrados de remar alguna ola, finalmente Kodiak se tiró su primera Cobra, un derechón de la serie. Fue la misma ola en la que Ricardo Dos Santos se fue para la izquierda y se metió una caída libre de 6 metros (nominada como wipeout of the year al Billabong XXL Awards). “¡Chamaaaaareeee!”, pensé.

Ahora si no había escapatoria, el sol me estaba secando el cerebro y solo había una puerta de salida, la puerta grande. Finalmente me corrí mi primera ola, una entre racha de 4 metros que se sintió como de 8 y me dejó una sonrisa por horas. Habíamos roto el hielo.

Esa tarde, luego de muchas horas en el agua, física y mentalmente “surfed out”, sentados en el balcón del hotel Zicatela Bungalows justo frente al point, con una comitiva inmejorable (con Kodiak y Andrés Flores, un super charger y brother dominicano) vimos los tubos más grandes y perfectos que hayamos visto, incluyendo a un colorado en skimboard sin pita, ni flotación en un tubaso de al menos 8 metros (Brad Domke, nominación Billabong XXL Award). Parecía un estadio. La gente gritaba desde cada balcón y la playa, ola tras ola, lo que parecía un gol de la final del mundial de fútbol… ¡Era una fiesta!

Al día siguiente, el domingo 06, habiendo procesado la experiencia del día anterior y estando el swell todavía enorme, la sesión fue épica. Corrimos 2 entradas y agarramos varias buenas olas, en mi caso, una de ellas, la mejor ola que me he corrido en mi vida.

Entró la serie y una Cobra llegó con mi nombre. Aún con dudas, empecé a remar abriéndome paso entre el crowd a mi alrededor incluyendo a Shane Dorian. De pronto, escuche a Gabriel gritar la frase mágica: “¡Daaaaaleee Joaquiiiin!”. Mi entorno enmudeció, sentí que mi tabla enganchó en la ola y desde ahí todo ocurrió en cámara lenta. Hacía poco había leído un libro sobre “flow” y sobre cómo alcanzar estar “in the zone” (como se le conoce al estado mental de “flow”). De alguna manera me identificaba con ello, pero nunca con tanta intensidad como en ese momento.

Todo estaba en su sitio. Cada ola de mi vida, cada minuto de entrenamiento y cada pisca de inspiración confluyeron en el drop más achorado, largo y potente de mi vida, justo en frente de mis 2 partners peruanos que miraban desde el hombro de la ola. Totalmente enfocado en no ser decapitado por el lip, logré encarrilar mi Tello 10 pies, súper ancha y pesada, que para mi sorpresa se sintió como una 6 pies.

Lamentablemente cuando el tubo empezaba a cubrirme perdí el balance y me caí, pero ya nada importaba, estaba dispuesto a pagar el precio. Con enorme gusto me sometí a una lavadora humana en potencia “Hi”, llevándome una imagen que nunca se borrará de mi mente. Como si fuera poco, luego de recibir otros 2 campanones en la cabeza, en la orilla me esperaba otro gran amigo, Guillermo Fernandez-Mazarambroz, quien hizo lo imposible por conseguir la primera foto de esa ola en tiempo record (¡Gracias Guillermo!). Lamentablemente no pudimos conseguir las fotos de todas las olas que nos corrimos, pero esas imágenes quedarán grabadas en nuestras mentes. Esa tarde Gabriel, Kodiak y yo, nos sentamos a ver el late en la playa rodeados de una mística muy especial. Todos, surfers y no surfers, grandes y niños, incluso perros, parecían celebrar una vibra especial, era mágico.

Esta experiencia me reafirmó que los límites son aquellos que nosotros mismos nos imponemos. Con esfuerzo y decisión todo se logra. Esa intensa semana de olas me reafirmó también que el Perú tiene olas y chargers de clase mundial, respetados por tablistas de todo el mundo. Una vez más comprobé que correr las olas más sorprendentes del planeta requiere mucho talento y habilidad, pero no de un perfil de gladiador, sino de mucha simpleza y humildad de la mano con mucha disciplina, entrega y pasión.

Kodiak, Gabriel, mis respetos a ustedes, gracias por la inspiración y por haber sido los mejores partners en el mejor surf trip de la vida. Ojalá se repita pronto.

Aloha.

(*) Escrito por: Joaquín Coloma

 

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