Los puntos débiles de la teoría Polinesia

Conoce aquí algunos de los puntos débiles de la teoría que afirma que el surfing como actividad de ocio se generó en la Polinesia y también por qué los peruanos tenemos derecho con base para decir que este deporte se originó en nuestras costas. ¡Pasa la

  • Olasperu.com / Fotos: 5000 Años Surcando Olas
  • 08/08/2016
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Maids on the Wave, por Wallace Mackay, 1874
Una vez situados geográficamente en la vasta red de islas que yacen dispersas en la inmensidad del océano Pacífico, podemos recién presentar, en líneas generales, los principales fundamentos de la teoría polinesia del origen del arte de surcar las olas. Para hacerlo, nos referiremos al resumen expuesto en el documento llamado: Legendary Surfers del escritor e investigador norteamericano Malcolm Gault-Williams. En el capítulo titulado: Surfing´s Origins, Gault-Williams expone que la cuestión acerca del origen del arte de surcar las olas se divide en dos preguntas: -¿Cuándo se utilizó por primera vez una tabla para correr olas? -¿Quiénes fueron los primeros en practicar el arte de surcar las olas?

Imagen del libro "5000 años surcando olas"
Como respuesta a la primera pregunta; Gault-Williams sostiene que la primera vez que se utilizó una tabla hecha de madera para correr olas fue en la Polinesia, hace tres mil o cuatro mil años. Y como respuesta a la segunda pregunta; Gault-Williams afirma que los primeros tablistas fueron los polinesios, quienes aprendieron a atrapar el poder de una ola y deslizarse sobre ella utilizando una especie de “tabla para correr olas” en algún momento situado entre los años 1,500 A.C. y 400 D.C. Aunque su teoría es interesante y, en líneas generales, está muy bien expuesta, el problema es que Gault-Williams no aporta ninguna prueba arqueológica para poder demostrarla científicamente. Sus argumentos, mayormente basados en suposiciones, se apoyan en la idea de que los primeros pobladores de la Polinesia eran unos expertos navegantes, y solo por ello, deduce que necesariamente ellos tuvieron que ser los primeros tablistas. Únicamente por el hecho de haber logrado colonizar esas islas del océano Pacífico, a bordo de sus embarcaciones.

Imagen del libro "5000 años surcando olas"
Es cierto que en la época de esas grandes migraciones cruzando el océano Pacífico (es decir, desde hace cuatro mil años) los polinesios fueron eximios navegantes. Y que sus proezas no fueron superadas por ningún otro pueblo de la Tierra. Todo esto es cierto, y aquí no vamos a refutarlo, pero hay que tomar en cuenta que esas grandes migraciones se dieron en dos oleadas separadas una de otra, por un periodo de muchos siglos. Los estudios científicos más recientes indican que la primera oleada migratoria se habría dado entre los años 2,000 y 1,000 A.C. y como prueba de ello, algunos arqueólogos interesados en el tema encontraron un tipo de cerámica alfarera llamada Lapita diseminada desde Nueva Caledonia (Melanesia) a través de una ruta que lleva al archipiélago de Bismarck (Melanesia) para arribar, entre los años 1,500 y 1,000 A.C. a Fiyi (Melanesia), Tonga y Samoa, estas dos últimas ubicadas en el límite del espacio polinesio. La cerámica Lapita, sin embargo, no permite deducir que ya en esa época se practicaba en la Polinesia una suerte de arte de surcar las olas, porque no contiene imágenes que registren dicha práctica.

Imagen del libro "5000 años surcando olas"
La segunda oleada migratoria se dio entre los años 300 A.C. y 1,350 D.C. Estuvo compuesta de expediciones mucho mejor organizadas y con evidentes intenciones colonizadoras, ya que transportaron hombres y mujeres desde Fiyi, Tonga y Samoa hasta las islas Marquesas, en pleno corazón de la Polinesia, llevando además plantas alimenticias, animales domésticos y especialistas en navegación. Esos viajes se hacían con resistentes canoas con estructuras flotantes fuera de borda, que añadían estabilidad a las embarcaciones. No se sabe a ciencia cierta cuáles fueron las razones que los forzaron a viajar en busca de nuevas islas (quizás la ausencia de comida, o las fuertes tormentas tropicales) lo cierto es que estaban decididos a asentarse en los nuevos territorios descubiertos, porque llevaron consigo a sus mujeres. De este modo llegaron a las islas Sociedad (Polinesia Francesa) donde se establecieron por una buena cantidad de siglos.

Caballito y SUP
A partir de aquel período en el tiempo, los polinesios expandieron aún más sus dominios oceánicos, organizando expediciones exploratorias de aventura, y en uno de esos viajes, llegaron a Hawái. En estas expediciones no llevaban a sus mujeres y tenían básicamente la intención de descubrir nuevos territorios. Generalmente, volvían a la Polinesia central con la noticia de las nuevas islas descubiertas, y después, otros viajeros se animaban a poblarlas. En este período de nuevos descubrimientos insulares, Tahití se convirtió en la base general de los polinesios, desde allí salieron gran parte de sus expediciones. Según una antigua leyenda hawaiana, recogida por el etnólogo Abraham Fornander, el archipiélago de Hawái fue descubierto por un viajero polinesio llamado Hawái´loa. Aunque se mencionan los nombres de otros dos probables fundadores, uno tahitiano y otro maorí, se considera que en el año 800 de la era cristiana, todas las islas habitables del Pacífico este estaban pobladas. Como dice el antropólogo Kenneth P. Emmory: “los polinesios viajaron a lo largo y ancho del Pacífico, en una época en que los europeos pensaban que el mundo se reducía a las costas del Mediterráneo”. Volviendo a la declaración de Malcolm Gault-Williams; el sugiere que el arte de surcar las olas se originó cuando los antiguos viajeros polinesios aprendieron a correr olas con sus canoas con batanga y pontón. Siguiendo ese razonamiento, los antiguos polinesios utilizaban el poder de las olas para deslizarse rápidamente con sus canoas sobre los arrecifes de coral, y así tuvieron la idea de fabricar tablas de madera especialmente diseñadas para correr olas por placer: “En un momento indeterminado, surcar olas pasó de ser una habilidad de la vida cotidiana, para convertirse en un deporte”. VIGENCIA DE LA CREENCIA PERUANA Según la teoría del escritor e investigador norteamericano Malcolm Gault-Williams, que recrea admirablemente las hazañas náuticas de los antiguos polinesios, pero que nada dice de una necesidad real de surcar las olas y así sugiere solamente, que los polinesios empezaron a correr olas, y nada más. ¿Dónde están las pruebas arqueológicas, las únicas que valen en estos casos, que demuestren que las cosas sucedieron así? Es cierto que los polinesios fueron eximios navegantes, eso es indudable, pero de ahí a afirmar que fueron ellos los que inventaron el arte de surcar las olas, no es posible aseverarlo sin las pruebas arqueológicas. Los fenicios fueron excelsos navegantes, también los egipcios, los griegos y los vikingos, pero ¿acaso ellos afirman que inventaron el arte de surcar las olas? Por la ausencia de las pruebas contundentes, la teoría polinesia debe ser descartada. Sobre todo porque existen los restos arqueológicos que demuestran que los antiguos peruanos corrían olas porque tenían la necesidad de dominarlas para sobrevivir. Y así las olas desempeñaron un papel fundamental en la cosmovisión de los antiguos pescadores. Además, el tup o caballito de totora, sí reúne las características necesarias (maniobrabilidad y flotabilidad) para poder ser declarado como el primer instrumento unipersonal para surcar olas creado por el hombre.

Kané Ramos en caballito de totora / Foto: James Vybiral
Hasta que no se compruebe científicamente lo contrario, los actuales tablistas peruanos tienen el derecho legítimo de decir que son los herederos de la más antigua concepción de este tradicional deporte. Porque la historia (los testimonios de los cronistas europeos), la arqueología (los restos antiguos de cerámica, textiles, orfebrería y el urbanismo prehispánico), y las expediciones científicas (como la de Thor Heyerdahl) lo manifiestan. En el instante presente del infinito acontecer del tiempo, nos basta contemplar las olas en nuestra generosa costa. Al apreciar cómo revientan contra su orilla durante todo el año en bahías, puntas, cabos, penínsulas, arrecifes y bancos de arena, podremos percibir que desde los tiempos inmemoriales, el hombre peruano estuvo prósperamente compenetrado, ligado y relacionado al ritmo eterno de las olas que provee nuestro espléndido.

Caballitos de totora / Chicama Classic pro Perú 2014 / Foto: Javier Larrea

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