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El descubrimiento de Chicama

Publicado el: 27/09/2003

La ola más larga del planeta revienta bordeando las dunas, rocas y colinas secas del paisaje místico del lugar.

La naturaleza parece haber sido orientada por un experimentado surfer sobre cómo disponer para producir esa ola tan impresionante. Serían los dioses surfers?

La imagen de Chicama reventando clásica ni siquiera entra en los sueños humanos, es una ola que los supera.

Dicen, los pocos afortunados que vieron todas las secciones formar una señora ola, que esta se extiende por casi dos kilómetros y que puedes pasar más de cinco minutos en una ola.

Para poder aguantar una ola de dos kilómetros es preciso tener piernas de hierro.

Por otro lado, cinco minutos en una ola es probablemente más tiempo del que las personas pasan en todas las olas de una sesión de surf. En esos metros y metros de olas , se mezclan tubos con perfectas secciones.

HISTORIA: En la década del 50, el puerto de Malabrigo, en Chicama, servía para despachar la producción de azúcar de esa región del Perú.

En otras zonas del continente, ingenieros agrónomos norteamericanos venían a asesorar a los productores locales. Algunos de ellos después de ver las olas rompiendo, pidieron que les envíen sus tablas de manera urgente.

Fueron ellos los primeros seres humanos en deslizarse con tablas de surf en las famosas izquierdas peruanas. Cuando terminaron su misión, se fueron de Perú sin desperdigar mucho la noticia. Se supo de su existencia porque en la capitanía del puerto fueron encontradas tablas de surf.

Algunos años después, cuando el laureado escritor norteamericano Ernest Hemingway estuvo en Perú en 1956, escribió un articulo sobre la costa peruana en la revista Look, donde decía "...elefantes blancos que rompían a distancia en perfecta forma".

Nadie supo captar esto como una pista para dar con el pico de las olas más largas del mundo y ellas continuaron casi vírgenes durante varios años.

En 1960 la gente del Cuerpo de Paz norteamericano, formado por jóvenes que no querían ser baleados en Vietnam y debían hacer el servicio militar obligatorio vinieron a dar apoyo a los pueblos pobres de Perú.

Felices de la vida de encontrar esa maravilla, usaron las tablas que habían dejado los ingenieros agrónomos para correr las interminables izquierdas.

Cuando ellos fueron para Lima, la información llego a los oídos de Carlos Pareja y sus amigos de la playa Makaha. En 1963, se mandaron para el norte sin saber muy bien adónde iban.

Preguntando, dieron con las extensas izquierdas y quedaron maravillados. Como vieron las famosas tablas (aquellas dejadas por los agrónomos), creyeron que esa ola era ya conocida y no contaron mucho al respecto.

Algunos años más pasaron sin que Chicama fuese conocida. Hasta que en el 67, cuando se hizo una nueva edición del campeonato Internacional de Tabla Hawaiana, el hawaiano Chuck Shipman se hospedó en la casa del famoso gordo Barreda. Después del campeonato, cuando volvía para Hawaii, al voltearse a mirar por la ventana del avión avisto interminables olas que lo hicieron levantarse del asiento a los gritos.

Pidió al piloto las coordenadas de donde se encontraban exactamente en ese momento, llegó a Hawaii y pasó las informaciones a sus amigos peruanos.

Salieron una vez más en búsqueda de la mítica ola. Así fue que los hermanos Barreda juntaron a los Hanza, Carlos Aramburú, Bertrand Taze y el Chino Malpartida y se mandaron para el norte.

Medio perdidos hicieron su camino hasta la ola en dos autos que estaban cayéndose a pedazos. La recompensa no podía haber sido mejor: olas de minutos y kilómetros de recorrido.

Parte del grupo intentó guardar el secreto, pero los rumores de una ola interminable en el norte hicieron que otros se aventurasen a encontrarla.

Pepe Whilar fue en el 68 con un grupo de amigos y tomó varias fotos que fueron publicadas en la revista Surfer. Asi Chicama se presentó al mundo y nunca mas volvió a ser una desconocida.

Durante los años 80, la exportación de azúcar dejó de ser hecha en Chicama y por eso el poblado se convirtió en cierta forma en una ciudad fantasma. Con poquísimos habitantes, ahora con algún hotel más, el poblado está perdido en el medio del desierto, pero recibe siempre la constante visita de los tablistas que quieren correr las olas más largas de la tierra.

Agradecimiento muy especial a Pepe Whilar y Karen Sierralta.

Fuente: www.elsurfero.com

 

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