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Entrevistas  

Sonia Barreda: "El mar lo ha sido todo para mí"
Por: Óscar Tramontana Figallo/ Transcripción: Karina Figallo - 04/Jun/2005

Esta entrevista fue realizada en el año 2000 en la casa miraflorina de la señora Sonia Barreda, la madre de Sergio y Carlos Barreda, dos de los tablistas más influyentes y legendarios de nuestra historia. Lo que pocos saben es que doña Sonia Barreda fue una de las primeras tablistas que tuvo el Perú. Incluso antes de que Carlos Dogny Larco trajera la primera tabla hawaiana al Perú, Sonia recuerda que ella ya corría olas en Miraflores a bordo de unas tablas de madera talladas como si fueran Morey. Sonia Barreda, además, fue la primera tablista en construir una casa de playa en Cerro Azul. En esta emotiva entrevista, que hemos querido publicar el 4 de Junio por ser el día de su cumpleaños, encontramos no solo el testimonio de una persona que durante toda su vida ha tenido un ilimitado amor y respeto por el mar, sino también varias anécdotas sobre sus hijos Sergio “El Gordo” Barreda y Carlos “El Flaco” Barreda, junto a recuerdos relacionados a Felipe Pomar, Joaquín Miró Quesada, Miguel Plaza y varias de las personas que escribieron las páginas de oro en la historia de la tabla en el Perú.

¿Como fueron sus inicios en la tabla hawaiana?
Bueno, a mí desde muy jovencita me ha gustado mucho el mar, sobre todo la playa de Miraflores, yo tengo 73 años y me vine a vivir a Miraflores cuando tenía 5, o sea que he vivido en este balneario prácticamente toda mi vida, y siempre me he bañado en la playa de Miraflores. Cuando yo era joven por supuesto que no existían las tablas hawaianas ni mucho menos, pero aún así recuerdo claramente que todos corríamos olas, especialmente los que éramos bien jovencitos. Corríamos con unas tablas de madera, yo me acuerdo que todos los años me compraban un pedazo de madera y yo misma me hacía mi tabla y con eso corríamos olas, eran algo parecidas a las Morey. Luego pasaron los años y yo me casé, nacieron mis hijos y yo seguía con la misma afición a la playa. Sergio fue el primero que empezó a correr olas desde muy jovencito y a él fue al primero que le compré una tabla grande y un día, en su misma tabla, me eché a remar y comencé a correr, y así fue como comencé a correr tabla hawaiana, aunque antes ya corría con mis propias “tablas miraflorinas”.

Qué interesante, Sonia; entonces estas tablitas que ustedes se hacían cuando eran niños, ¿las hacían antes de que Carlos Dogny trajera la famosa tabla que Duke Kahanamoku le regaló en Hawai?
Antes, mucho antes, todavía no existían las tablas hawaianas pero todos los chicos de Miraflores se las hacían, las cortaban de la misma forma de una Morey pero eran de madera, entonces nos metíamos nadando hasta La Reventazón, pero como por entonces no habían aletas, teníamos que darnos impulso con el piso, entonces había que buscar esos piedrones grandes, y durante años corrimos así con las tablitas, otros corrían a pecho no más, pero muchas personas corrían olas en Miraflores y en Barranco, antes de la famosa tabla de Carlos Dogny.

¿Y esta práctica de correr con las tablitas se inspiraba en algunas películas, fotos o algunas costumbres que ustedes veían de Hawai?
No, aquí en Miraflores y en Barranco todos los muchachitos corrían olas así con tablas de madera, yo ahora, después que he corrido olas hasta con Morey, siento que con nuestras tablitas de madera era más rico porque con las Morey se flota mucho, con las de madera era más rico. Ahora ya nadie las usa por supuesto, y Dogny llegó en el año 1941 con la novedad, esos tablones grandes de los que seguramente te han contado tantas cosas.

Sí, me han contado que esas tablas pesaban más de 100 kilos y que tenían que cargarlas entre 3 o 4 personas, y que además tenían que desaguarlas…
Yo nunca he corrido con esas tablas porque era casi imposible, una mujer no tenía suficiente fuerza ni para hacerlas avanzar. Yo he corrido tabla cuando ya había existían las tablas de foam. La primera tabla de Sergio fue de foam, porque las primeras eran de madera balsa. Y esas tablas también eran grandes, pero a mí me apasionaba todo eso, y también el mar, yo vivo feliz porque ahora vivo todo el año entero en mi casa de Cerro Azul. Ya que no puedo correr olas, me consuelo con ver a los chicos correr tabla, y con mirar el mar todo el día.

Podría decirme en sus propias palabras, Sonia, ¿qué significa para usted el mar?
El mar lo ha sido todo en mi vida. Lo que más me da pena cuando me pongo a pensar en el día en que yo me muera, es que no voy a volver a ver el mar. Para mí el mar es todo.

Cuando Carlos Dogny falleció, él hizo que sus cenizas fueran esparcidas en el mar.
Claro, si yo estuve ahí también, en su despedida. A Carlos Dogny lo he conocido desde hace tantos años, y a todos los tablistas viejos de Miraflores, Lucho Anavitarte y todos ellos han sido mis amigos.

¿A quienes más recuerda de esa época, Sonia?
Además de Lucho Anavitarte y Carlos Dogny, recuerdo mucho a Eduardo Arena, los hermanos Wiese, Pancho y su otro hermano, todos los de Waikiki, Richard Fernandini, todos los de esa época han sido mis compañeros de tabla.

¿Como eran los días de verano aquellos días de Waikiki cuando estaban los Baños de Miraflores?
Bueno, te diré que Miraflores ha cambiado tanto que a veces me cuesta trabajo reconocerlo. En la época en que yo era jovencita en Miraflores, realmente una “miraba las flores”, una caminaba por las calles y sentía el olor de las enredaderas, de las flores, no como ahora que caminas y solo sientes el olor a fritangas de pollo y de hamburguesas, y qué se yo…

Era un balneario en esa época, ¿no?
Era un balneario además, yo, por ejemplo me iba solita caminando de aquí de mi casa, porque en esta casa he vivido toda mi vida desde que tenía 5 años, nunca me he movido de esta casa, y yo me iba caminando solita hasta la playa. Otra cosa, no había el peligro de ahora, que ahora un muchacho baja caminando y tiene suerte si llega a la playa sin que lo asalten, en cambio nosotros no, yo iba y venía todos los días caminando con mi tabla y el Makaha comenzó cuando ya el Waikiki existía, un grupito de nosotros que corríamos olas en la playa y no teníamos club, nos dieron permiso para que, en la pared, hiciéramos un anaquel para poner nuestras tablas, y así empezó el Club Makaha, poco a poco, después hicieron todos los trámites para comprar un pedazo del terreno al otro lado de la playa y durante muchos años el Makaha, era un club de, diríamos, máximo de 20 o 30 socios, y después eventualmente se llegó a unir con el Terrazas, pero durante muchos años el club fue un club chiquito y exclusivo de tabla y de gente que corría olas.

De sus amigos de infancia con los que corría tabla en estas tablitas de madera, ¿Que nombres recuerda?
La verdad que no muchos, de mujeres creo que yo era la única y de muchachos eran los muchachos de la playa pero no me acuerdo de sus nombres.

¿Qué siente usted después de haber visto a sus hijos crecer en el deporte?, yo ya los entrevisté anteriormente y ellos me han dicho que su principal inspiración para correr siempre ha sido usted ¿Cómo se ha sentido al verlos conseguir tantos éxitos?
Bueno yo siempre me sentía orgullosa del deporte de la tabla hawaiana, a pesar de que sé que mucha gente lo asocia con drogas y bueno, yo pienso que de todo hay porque mi hijo, el mayor, El Flaco Carlos, ha corrido tabla toda su vida y sin embargo ha estudiado, ha sido médico y nunca ha tenido problemas ¿no?, ahora que muchos sí los tienen.

Pero eso se da en todos los deportes, ahí tenemos el caso de Maradona que es muy buen futbolista y sin embargo tiene problemas, una de nuestras intenciones es precisamente borrar esa imagen del tablista, porque el tablista es una persona que está muy en contacto con el mar, una persona muy mística, una persona que si está adentro y ve a alguien ahogándose le puede salvar la vida también…
A mí me preocupa la juventud de ahora, porque yo veo que los muchachitos solo encuentran distracción en irse en las noches a jaranear y al día siguiente amanecen en la bohemia.

Antes se acostaban tempranito para ir a la playa temprano al día siguiente, ¿no?
Sí, eso es verdad

Dígame, Sonia, ¿cómo fue que usted llegó a pasar sus primeros veranos en Cerro Azul? ¿Cómo recuerda sus primeras visitas a Cerro Azul?
Mis primeras visitas fueron cuando mis hijos eran casi bebes, un cuñado mío trabajaba en una hacienda en Cañete, era una hacienda de San Vicente propiedad de los Rizo-Patrón y ellos me invitaban de vez en cuando a pasar veranos en la hacienda, y yo les decía que ya, pero con la condición de que me llevaran a la playa, y fue así como conocí Cerro Azul, y me encantó desde la primera vez que lo vi. Ya existía el pueblito, el muelle grande y también había un muellecito viejo que seguro no lo conociste, lo sacaron en el año 75 y la playa desde ese día ha ido cambiado, el mar se fue retirando, perdió profundidad, pero sigue siendo lindo, entonces, durante años y años, hacíamos campamentos, y en el año 70 fue cuando yo hablé con el alcalde y me vendió un pedacito de terreno y yo con unos amigos hicimos la primer casita de playa, que es la casita en la que vivo ahora, esa casita frente al mar pegadita al Hotel Las Palmeras, pero en el tiempo en que hice la casa no había nada, todo era pampa, mi casa fue lo primero que hubo ahí.

Entonces, usted hizo su casita cerca a las olas, entre los dos muelles.
Sí, pegadita al muelle grande que hay ahora.

¿Y que significa Cerro Azul para usted como playa, después de pasar tanto tiempo ahí con sus hijos?
Bueno, Cerro Azul, como todas las playas de Perú, ha cambiado enormemente, antes iba poquísima gente, ahora sábados y domingos se llena de gente, como todas las playas, pero los días de semana, sobre todo en invierno que es cuando yo paso el año entero allá, es un sitio tranquilo, solo para mí, yo vivo ahí como si estuviera en el Paraíso Terrenal, porque tengo mi jardín, he llegado a juntar un poquito del verde de mi jardín con el verde del mar, porque tengo la suerte de tener un pozo que nos da agua fresca todo el día.

¿Qué cultiva en su jardín, qué flores, qué plantas?
En una época yo tenia ahí mi huerta, sacaba toda clase de verduras y todo, ahora tengo mis gallinas, mi perro, mi gato, o sea que vivo feliz, y ¿sabes qué?, esa vida de pueblecito es hermosa, todos nos conocemos porque es un pueblo chiquitito, salgo en la noche hasta la bodega sin miedo ni nada, y vivo muy tranquila y feliz todo el año.

Muy sabio de su parte vivir fuera de la ciudad ¿Con qué frecuencia viene a Lima?
Vengo a Lima más o menos una semana de cada mes, y el resto del mes lo paso allá en Cerro Azul.

Y volviendo al tiempo en que usted corría tabla con sus amigos de Waikiki, ¿era la única chica que lo hacia?
Bueno, cuando yo comencé sí, después ya vinieron varias.

¿Recuerda sus nombres?
Por ejemplo Pilar Merino fue una de las primeras, después había una chica que se llamaba Lía Mesano, después estaba Carmen Pastorelli, también Mannie Rey que era la hija de Rex, en el Waikiki también ha habido varias chicas pero no me acuerdo bien sus nombres. Yo pertenecía al Makaha, éramos amigos de los del Waikiki pero parábamos en Makaha.

¿Cual era la competencia que había entre ambos clubes, o todos eran amigos?
Éramos buenos amigos, y cuando había campeonatos tomaban parte todos, en esa época los tablistas eran poquísimos y entre todos se conocían, en el Perú no habían más de 40 o 50 tablistas.

Ayer, cuando estaba entrevistando a su hijo Carlos, me enseñó una foto en la que aparece usted corriendo en Hawai, una ola que usted está corriendo con un estilo muy elegante, ¿más o menos en que época le regaló Sergio su primera tabla?
Fue más o menos en el año 62 o 63, y fue un regalo por el Día de la Madre.

Veo que usted conserva todavía su trofeo que le otorgó el Club Waikiki de Miraflores, por el campeonato internacional de tabla del año 62 en el que usted fue campeona de la modalidad de 500 metros. Es un trofeo muy bonito y está a nombre de Sonia Barreda y fechado en Lima, Perú, muy bien, interesante, ahora que me ha dicho que esta casa es de balneario, efectivamente el piso y todo se nota, ¿no?
Esta casa es viejísima la construyó mi padre cuando yo tenía 5 años, yo vivo con mi casa feliz porque le entra luz por todas partes.

¿Una casa llena de recuerdos?
Uy, toda mi vida he vivido en esta casa, acá han nacido mis hijos, mis nietos han venido aquí desde chiquitos, tengo 10 nietos…

¿Alguno de ellos corre olas?
Sí. Tengo tres nietos hombres y 7 mujeres, de las chicas corren las hijas de El Flaco, especialmente Alicia, después corre Claudia, la hija de Sergio, a la mayor nunca le gustó mucho correr olas. Y mis dos nietos hombres, Daniel y Nicolás, también corren, ellos corren en Cerro Azul todo el verano, uno tiene 15 y el otro 16 y los otros son muy chiquitos todavía.

En el principio, como usted me estaba contando, Sonia, los tablistas eran pocos, entonces conseguir un compañero para ir a la playa era conseguir un buen amigo que uno mantenía para siempre ¿no?
Si, así es, uno nunca pierde a esos amigos.

¿Como el caso de Miguel Plaza, que nos contaba que iba al colegio a recoger a Sergio, y también podría ser el caso de Joaquín Miró Quesada que también iba al colegio a recoger a Carlos?
¡Y tú no sabes lo que a mí me pasó con Joaquín! Nosotros habíamos estado en Hawai el años en que Joaquín murió, a los dos meses de haber regresado nosotros, él viajo. Justo el día en que el murió, como yo acababa de estar en Hawai y yo había estado ahí casi dos meses, conocía a mucha gente, me llamaron por teléfono y me dijeron: “señora Sonia estamos llamando para avisarle que Joaquín Miró Quesada ha tenido un accidente y desgraciadamente ha fallecido, se ha estrellado contra los arrecifes de Pipeline”, y yo me quedé aterrada, no sabía qué hacer, si llamar o no a su casa, porque era una noticia terrible, y yo me acuerdo que le dije que llamara a Pancho Wiese que estaba casado con la hermana de Joaquín, porque yo no me atrevía a darles la noticia. Después lo llamé a Pancho y le conté y le dije que averigüe porque no sabía si era verdead o no, pero dijeron que sí era verdad, y efectivamente había sido verdad. Él era muy amigo de mis hijos, no sabes la pena que me dio.

A Carlos, cuando lo entrevistamos y tocamos ese punto, un poco como que se le quebró la voz, porque eran muy amigos, la pérdida de Joaquín debe haber sido como perder a un hermano para él…
Sí, eran bien amigos, yo los resondraba a veces porque él era un poco mayor que mis hijos y se los llevaba para que los acompañe a correr olas.

¿Es verdad que una ve el director del Champagnat la llamo un día y le dijo: “Sus hijos o estudian o van a correr tabla”?
Al Flaco, el último año del colegio lo botaron faltando tres meses, eso ocurrió en el mes de octubre, porque el colegio tenía una puertita que daba casi a la Bajada de los Baños, y a ellos los hacían hacer gimnasia, y al Flaco le encantaba tanto la tabla que entonces se salía por la puertita y de frente se iba a la playa. Y un día el profesor de gimnasia le dijo que como se escapara de nuevo lo botaba del colegio, y el le dijo a ver bóteme, él pensaba que no lo iba a botar, y lo botó. Yo fui a rogarle al hermano y le dije que en ese colegio habían estado todos mis hijos y que no era una falta tan grave, pero igual lo botó, ¡no hubo forma de convencerlo¡ Tuvo que terminar en otro colegio.

Pero él siguió estudiando y ahora es un brillante profesional.
Eso es verdad, Óscar. Y ¿sabes qué?, yo lo llevaba a la playa todo el año, porque me acuerdo que antes la gente jamás iba a la playa en el invierno, nunca, pero como a ellos le gustaba tanto la playa, y yo vivía ahí no mas, y en esa época ellos iban al colegio de 8 de la mañana a 11 y media y luego de 2 a 5, entonces de 11 y media a 2 había un hueco, yo salía de aquí con mi canastita con el almuerzo, los recogía y nos íbamos a la playa, corrían olas una o dos horas y volvían,. Y cuando llegó el mes de Abril, me dijeron: Mamá, ya se acabo la temporada, pero ¿tú crees que podemos seguir viniendo a la playa? Y yo los abracé fuerte a los dos, los besé en la frente porque sentí que habían heredado mi amor por el mar y les dije que sí, que todos los días de nuestra vidas vendríamos a la playa, y así seguimos bajando, éramos casi los únicos en la playa, pero siempre estábamos contentos.

¿Y en alguna ocasión corrieron olas los tres juntos?
Claro que sí, en muchas ocasiones y ¡era de lo más divertido!

Que bonita esa imagen. Sus dos hijos me han dicho que gran parte de su profesionalismo se debe a que ellos practicaban tabla todo el año.
Sí, es verdad, corrían olas todo el año. Yo los llevaba todo a la playa todo el año, tenía la paciencia de salir con mi canastita, llevar a la playa el almuerzo, y los paseos que hacíamos todo los domingos eran a la playa, ellos no querían ir al campo ni a otro sitio que no fuera la playa. Les encantaba la playa.

¿Es por eso que a tan corta edad, y muy desde chiquitos iban a campeonatos?
Si. El Gordo Sergio ganó su primer campeonato a los 12 años, él fue tablista antes que El Flaco Carlos, empezaron y ya no pararon, yo siempre me he sentido tan orgullosa del deporte de la tabla por ellos, principalmente por ellos y por todas las satisfacciones que me dieron.

Actualmente sucede que, después del fútbol, la tabla es el deporte más practicado en el Perú. Sin embargo no muchos conocen la historia de la tabla en el Perú, porque muchos trablistas de ahora no saben que existió un hombre llamado Carlos Dogny, no saben que Sonia Barreda corría olas en Miraflores desde hace tiempo…
La historia de la tabla en el Perú es apasionante. Yo misma he alojado a muchos tablistas extranjeros aquí en mi casa. A todos los tablistas que venían al Perú mis hijos los traían aquí y yo feliz. Por ejemplo el australiano Peter Troy, que no sé si tú lo conocías, un año entero vivió aquí en mi casa, y cuando se fue, mis hijas lloraban porque ya se había hecho tan querido en la familia que era como si fuera un hijo nuestro, y cuando se fue me dejo un cuadro que todavía lo tengo colgado, es un cuadro que él firmó y que dice: “Para la señora Sonia que me dio un hogar fuera de mi hogar.” Él vino con la intención de quedarse dos o tres meses y se quedó un año y yo feliz. Yo primero alojé a unos argentinos, tenían una revista y luego uno de ellos escribió en Argentina que se habían alojado acá y me mandaron saludos en una de sus revistas de tabla.

¿Qué significó para usted la figura de Carlos Dogny?
Bueno, yo siempre le he tenido mucha admiración, respeto, cariño porque, es decir, hablar de él es hablar de la tabla hawaiana, él fue el primero que la trajo y corrió olas durante años y años, creo que él es todo un símbolo de la tabla en el Perú.

Y aparte de él, ¿qué tablista peruano le ha gustado su forma de competir?
Bueno, Felipe Pomar que ha sido muy buen amigo mío, Miguel Plaza, todos los muchachos de esa época, Fernando Ortiz de Zevallos que también era de ese grupo, y también Lucas de Tramontana.

¿Y usted llegó a practicar alguna vez la modalidad tandem?
No, yo corría solita, nunca estuve en una tabla con otro.

Bueno, más mérito entonces, usted es una tablista regular, ¿no?
Si

¿Y en Cerro Azul corría así? ¿De espaldas a la ola?
Si, corría contra mi lado, pero las olas de Miraflores han cambiado después de que hicieron los espigones

¿En qué época hicieron los espigones de Miraflores?
Los hicieron en los años sesenta, cuando ya estaba construido nuestro club, me acuerdo que vi los primeros camiones viniendo cargado de piedras.

¿Cuál fue el cambio con los espigones?
Cambiaron las olas, porque antes las olas reventaban desde La Reventazón y te llevaban hasta la orilla, ahora ya no, se ha profundizado mucho el mar y la ola muere, desaparece a la altura de La Rosa Náutica. Y también ha cambiado mucho la Costa Verde con el hecho de que ahora hay tráfico de autos, ya no es la misma playa de antes. Antes solo había peatones, bueno todo va cambiando en la vida. De las playas del Norte también he conocido algunas, hemos ido a un campeonato de Pacasmayo, he corrido una o dos veces en Chicama

¿Y no le resultaba muy difícil la ola de Chicama?
Sí, me resultaba demasiado rápida, y además el viento era muy fuerte, cuando llegamos a acampar no podíamos ni hacer el campamento porque el viento se lo llevaba todo. Es una ola para los que ya son muy buenos tablistas.

¿Cuándo recuerda usted que fue el día que más se ha divertido corriendo tabla?
Te diré que mi mejor día, fue un día de invierno, un 4 de Junio, se me ha quedado grabado porque es el día de mi santo, y yo trabajaba en el laboratorio con mi marido pero antes me iba siquiera a correr una ola o dos y luego volvía a trabajar y a hacer mis cosas, ese día estaba glass, no había nadie en el agua, no había viento y las olas estaban lindas, y yo solitita ahí en la playa , pero como te digo, en esa época no daba miedo estar sola ahí, me sentía feliz, dije que fue el mejor día de mi santo, un día lindo, sin viento, porque en Miraflores a partir del mediodía sí hay un viento muy fuerte, ahora en Cerro Azul también he tenido días muy lindos.

¿Y los chicos al verla a usted corriendo olas, la piropeaban, le seguían las olas?
Te diré que en eso la vida también ha cambiado mucho, en esa época los chicos respetaban a la gente, nunca oí groserías como ahora, y así ha cambiado todo, es el tiempo porque ahora no solo los chicos son groseros, las chicas también.

¿Pero de repente le decían alguna galantería, una cosa bonita?
Éramos más bien muy amigos en la verdadera concepción de la palabra amistad. Mi marido en cambio nunca corrió olas, le gustaba la playa pero no corría.

¿Como se llama su marido?
Carlos Barreda, él es médico.

¿Y su nombre de soltera?
Sonia Costa, mi marido nos daba todas las facilidades, nos acompañaba a la playa y todo, pero el nunca corrió olas, pero sí iba siempre a los campeonatos y me apoyaba en todo, como cuando hacíamos los paseos con los chicos.

Qué bonita vida, una última pregunta Sonia ¿Qué cosa le ha dejado a usted la tabla hawaiana dentro de su corazón?
Recuerdos, la parte que recuerdo con más cariño es la parte en la que corría olas, hasta ahora me gusta ver a los muchachitos correr olas, estar en mi casa de Cerro Azul, a veces cuando el mar está muy chiquito agarro una tabla de mis hijos y me doy una remadita , ya no corro. Mi última ola la habré corrido hace unos 8 años, ahora entro a bañarme y a dar una remadita cuando el mar está bien chiquito.

Espero poder encontrarme algún día en el agua contigo, Sonia. Muchas gracias por la entrevista.
Gracias a ti, Óscar, ¿cuándo piensas que saldrá publicada?

Para serle sincero, aún no lo sé claramente, pero puedo prometerlo que la publicaré un 4 de Junio…
¿Por mi cumpleaños?

Sí, Sonia, para que todos podamos celebrar de alguna manera su cumpleaños.
Qué lindo…

 

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