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Camino al Norte: Surfeando por Nuestra Historia
27/Oct/2006 - Autor: Nino Lauro / Fotos: Beto Santillán


Sunset en Pachacamac

Los surfers en el Perú tenemos más de 3000 kilómetros de generosa costa donde explorar en busca de las olas que deseamos y la verdad, es que hemos tenido siempre un espíritu un tanto nómada. Aunque no puedo recordar cuantas veces en mi vida me he encaminado rumbo al norte, lo cierto es que han sido muchas y ese afán de llegar y volver a partir rápidamente en busca de la crecida, de las olas perfectas y tubulares, no creo equivocarme al decir que ha sido el motor de la mayoría de los surfers peruanos.

Sin embargo más de una vez he estado con otros tablistas preguntándonos por qué donde hay buenas olas, hay siempre ruinas que han dejado los antiguos habitantes del Perú. Pónganse a pensar, empecemos desde el sur, por Cerro Azul, con las ruinas exactamente encima del point, una vista impresionante y una que otra casita disonante encima de la huaca, como para que no nos olvidemos que estamos en el Perú.


Aldas

No hay duda alguna que la zona pantanosa de Puerto Viejo ha tenido una importante presencia en la antigüedad y si no basta dar una ojeada al valle del río Mala que está allí al ladito o a la agricultura en hoyas de Chilca. Hace unos cuantos años paseando por Chilca con el famoso surfer y dentista Lynn Striklin, encontramos un entierro huaqueado, habían dejado todos los cráneos al aire, tirados encima de lo que había sido por años una tumba. Lynn, como buen dentista, reparó inmediatamente en las muelas de los cráneos, eran impresionantes pues estaban totalmente planas. Lynn me explicó que se debía a que esa persona había consumido gran cantidad de mariscos crudos. Al cabo de unos años me enteré que en la playa de Chilca está uno de los "conchales", es decir basurales de conchas dejados por nuestros antepasados, más grandes y antiguos del Perú, testimonio de una época de recolectores con una dieta basada en dichos mariscos.

Casi al lado, en San Bartolo, existe también un gran "conchal" en el cerro llamado La Ermita, en la zona de Curayacu. Allí se pueden encontrar miles de pedazos de cerámica utilitaria mezclados con las conchas y fue allí que se encontró la "Virgen de Curayacu", actualmente en el museo del Louvre en París. El arqueólogo Alberto Bueno incluye a Curayacu como uno de los primeros lugares donde apareció la cerámica en el Perú.1 Al parecer, Curayacu significaba en quechua "agua que cura", desafortunadamente gracias al tremendo desagüe que sale hoy a esas aguas sin ningún tipo de tratamiento, pienso que han dejado de curar, quizás para siempre.


Cerro Azul

Siguiendo la ruta de los surfers, tenemos que pasar forzosamente por Pachacamac, que fue un lugar importantísimo en el antiguo Perú. Antes de la llegada de los Incas, el dios más importante de la zona era llamado Ichmay y daba nombre a todo un señorío que dominaba desde el río Rímac prácticamente hasta Mala. El dios Ichmay era un oráculo, una especie de "Internet" de aquellos tiempos y llegaban peregrinos de todas partes a hacerle preguntas y consultas. El conquistador de Ichmay fue Topa Yupanqui como general de los ejércitos del Inca Pachacutec y a partir de ese momento se cambia el nombre original del lugar y del dios por el de Pachacamac, que quiere decir el hacedor del mundo. Los Incas, como solía suceder, respetaron la creencia local y las jerarquías de los sacerdotes, tan solo cambiaron el nombre del lugar y edificaron un templo para el dios sol junto al de Pachacamac y más grande. La importancia del centro religioso, lejos de decaer, se acrecentó tremendamente con la llegada de los Incas y la influencia y fama de Pachacamac se extendieron paralelamente a la dominación del Tawantinsuyo.2

Siguiendo nuestro recorrido hacia el norte, es imposible que no veamos la imponente construcción de adobe y piedra que hay prácticamente sobre la pista en Paramonga, tan solo unos kilómetros antes de llegar a Bermejo. Al parecer fue una fortaleza y los que han tenido la oportunidad de detenerse y subir a la pirámide, habrán podido apreciar una especie de emplazamiento de avanzada en la cúspide de un cerro hacia el mar, como si fuera un mirador para dominar lo que sucedía en el océano.


Caballitos en Huanchaco

Otra increíble ola que se aprecia perfectamente desde la ruta es Playa Grande. Allí al ladito hay una bellísima playa llamada La Gramita. En esta playa, además de haber un buen hotel con restaurante, hay algunos restos arqueológicos muy interesantes en las cercanías. Inclusive si se internan un poco hacia el río, en realidad yo llegué remontando el mismo lecho del río desde Casma, hay una ruinas muy extrañas en la cúspide de un cerro que forman una serie de círculos concéntricos, que hasta el día de hoy no se ha podido explicar en forma segura y totalmente convincente.

Antes de llegar a Huanchaco pasamos prácticamente encima de lo que fue la ciudad de barro más grande de nuestra antigüedad y del mundo. Me refiero a Chan Chan, que albergaba a más de 100,000 personas, que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y que con sus imponentes paredes de barro es realmente digna de verse. Esta ciudad va prácticamente desde la playa hasta la carretera Panamericana norte, tenía 20 km2 de extensión y sobre sus restos pasan por lo menos un par de autopistas y se han edificado varios barrios modernos. Afortunadamente se ha reconstruido la ciudadela Tschudi, que es solo una pequeña parte de lo que fue la gran ciudad y se ha protegido otra parte, aún por reconstruir o estudiar.


Chan Chan

Si seguimos la ruta hacia Chicama tendremos que pasar por Chocope y muy cerca de este poblado están las ruinas denominadas El Brujo, muy cerca de otra ola corrible y luego las de Magdalena de Cao.

Si queremos seguir con la enumeración tendremos en el camino los museos de las Tumbas Imperiales del Señor de Sipán y Brunning en Lambayeque, Tucume, las Huacas del Sol y de la Luna a la entrada de Trujillo, etc., etc. Lo cierto es que toda nuestra costa está regada de Huacas, Templos, Tumbas y restos que nos recuerdan a nuestro antepasados. Pero, qué es lo que los hace tan cercanos a nosotros? Por qué esta presencia constante en los lugares que los surfers frecuentamos?

La verdad es que los antiguos habitantes del Perú tenían una estrecha relación con el agua y con el mar. Basta pensar en los mitos de creación de algunas de las culturas más importantes, tomemos por ejemplo a Takaynamo, el personaje mítico fundador de Chan Chan, que llega en una balsa de palos desde el mar para gobernar a los Chimú; o el archiconocido mito de creación del imperio Incaico, con Manco Cápac y Mama Ocllo que salen de las aguas del lago. Claro, ustedes me dirán que estaban a 4,000 metros de altura y salen del lago Titicaca, que no es conocido precisamente por sus buenas olas, pero el hecho de que salgan de las aguas, los acerca a todos estos mitos de creación del antiguo Perú y de alguna forma a nosotros.


Vestigios de antiguos pobladores peruanos

Sin embargo el mito de creación más interesante es el ligado a Pachacamac. La leyenda cuenta que existía una doncella hermosísima llamada Cavillaca, que era pretendida por diversos dioses e ídolos principales, a los cuales nunca quiso aceptar. Por esos tiempos Coniraya Viracocha, que era el creador del mundo, se presenta como un indio muy pobre y andrajoso que la doncella lógicamente rechaza. Coniraya entonces se transforma en un hermosísimo pájaro, se posa sobre un lúcumo y deposita su semilla en un fruto maduro, que luego deja caer al pié del árbol donde Cavillaca tejía. La doncella toma el fruto y lo come con mucho gusto, quedando embarazada. Al cabo de nueve meses el niño nace sin que se sepa quien es el padre.

Cuando el niño comienza a gatear, Cavillaca convoca a todos los ídolos y dioses de la región para determinar quien era el padre de su hijo. Los ídolos y dioses, esperanzados en conseguir matrimonio con la agraciada doncella, se arreglan lo mejor posible lavándose, peinándose y vistiéndose con sus mejores prendas. La reunión se llevó a cabo en el lugar llamado Anchicocha a mitad camino entre Huarochirí y Chorrillos. Estando todos presentes, Cavillaca pide que confiese el que la había preñado, pero nadie se atreve a declararse como padre del niño. Entre los asistentes se encontraba Coniraya, que había asistido en su traje de pobre andrajoso y al cual la doncella ni siquiera se digna mirar.


San Fernando

Cavillaca advirtió entonces que soltaría al niño, el cual gateando se acercaría a su verdadero padre. Así lo hizo y el niño, tras pasar cerca de todos, fue hasta donde estaba su padre Coniraya, el pobre mal vestido, sucio y andrajoso, y riéndose se tomó de sus piernas y se paró.

Al ver esto, Cavillaca se siente totalmente avergonzada y diciendo: "Qué asco y vergüenza es esta, que una señora como yo tenga que verse preñada de tan mala cosa" sale corriendo con su hijo huyendo hacia el mar. Coniraya al instante se viste en riquísimas mantas de oro y empieza llamar a la princesa implorándole que lo viera, pero ella no lo escucha y sigue su carrera. Coniraya empieza entonces a perseguir a la doncella tratando de alcanzarla y en su persecución se encuentra en primer lugar con un cóndor que le dice que Cavillaca estaba cerca y que podía alcanzarla. Alentado, Coniraya premió al cóndor haciéndolo el amo de los cielos.


Chicama

Prosigue y se topa con un zorrillo y el animal le dice que es imposible que alcance a la doncella, por lo que Coniraya lo castiga y lo condena a salir solo de noche y a ser detestado por su mal olor.

Luego se encuentra con un puma y este lo alienta y le dice que puede alcanzarla y Coniraya lo premia haciéndolo el animal más respetado y temido de todos.

Sigue su camino y se encuentra con un zorro que se muestra escéptico y lo desalienta y Coniraya lo condena a ser perseguido por los hombres.

Más adelante halla un halcón que le dice que está muy cerca de Cavillaca, por lo que es premiado asegurándole los mejores alimentos.

Finalmente unos papagayos le dicen que no corra pues ya es inútil su persecución y Coniraya los castiga condenándolos a gritar para siempre.


La Herradura

Cuando Coniraya llega al mar, ya es muy tarde, pues encuentra que Cavillaca y su hijo se han convertido en dos islas, que son las que hoy conocemos como "La Ballena" en la playa de San Pedro.

Coniraya se encamina entonces muy molesto por la playa hacia Pachacamac y se encuentra con dos doncellas hijas de Pachacamac. Una de ellas le dice que su madre Urpayhuachac estaba en el mar visitando a la recién llegada Cavillaca.

En ese tiempo no había peces en el mar, sino que Urpayhuachac los tenía en un criadero o estanque. Disgustado Coniraya por la visita que la mujer había hecho a Cavillaca, "le vació el estanque de peces al mar...y de allí se han criado todos los peces que hay ahora.3

Si embargo, los mitos no son la única prueba de la estrecha ligazón de los antiguos habitantes del Perú con el océano, pensemos por un instante en la concha spondylus, que para ellos tenía un significado sagrado y que era considerada más valiosa que el mismo oro; o en los frisos con olas que se encuentran en más de una de las antiguas paredes de templos y ciudades; o en las innumerables cerámicas representando caballitos de totora surcando el mar. Si esto resulta poco, echémosle entonces un vistazo a los estudios realizados por el famoso historiador e investigador José Antonio del Busto y repararemos, quizás por primera vez, en los viajes que el conquistador Topa Yupanqui realizó atravesando el mismo océano y convirtiéndose en el descubridor de la isla de Mangareva en Oceanía y de la Isla de Pascua. Por más increíble que parezca, parece a todas luces probado que Topa Yupanqui viajó 4,000 millas marinas, demorándose unos 90 días, con 120 balsas y 2,000 guerreros para llegar a estas islas, dejar huellas claras de su presencia y luego regresar al Cuzco.


Ruinas en las dunas

Por lo tanto, no debemos extrañarnos cando en nuestros viajes surferos nos encontramos con tantas ruinas y huellas de nuestra antigua civilización. Ellos quizás no eran surfers, aunque está probado que surcaban las olas con sus caballitos de totora, pero estaban tremendamente ligados al océano, al cual conocían, respetaban y cuidaban.

Ojalá que nosotros también podamos conocer mejor el mar que tanto gozo nos da cada vez que salimos a correr olas y podamos aprender a respetarlo y cuidarlo, acordándonos de nuestras raíces y sintiéndonos orgullosos del legado que nos han dejado nuestros antepasados.4

Buenas olas a todos.

1 Pachacamac, Alberto Bueno Mendoza, El Antiguo Valle de Pachacamac: Espacio, Tiempo y Cultura.
2 Pachacamac, Alberto Bueno Mendoza, El Antiguo Valle de Pachacamac: Espacio, Tiempo y Cultura.
3 Todo el mito ha sido tomado de: HISTORIA MARÍTIMA DEL PERÚ, Mito y Religión
4 Quiero agradecer al Sr. Enrique Delucchi por haberme animado a escribir este artículo y por toda la bibliografía que me proporcionó.

 

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