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El Gran Duke Kahanamoku

Ningún lugar en el mundo pudo haber impulsado la tabla como la playa hawaiana de Waikiki lo hizo. En la orilla, sembrada de tablas hawaianas y outrigger canoes, los bañistas hacían cola para experimentar la sensación de correr algunas olas. El agua siempre tenía la temperatura perfecta, las olas eran largas y formadas y reventaban lentamente para emprender un largo recorrido sobre un cristalino arrecife de coral. Pero lo más importante de todo, era que a lo largo de toda la bahía podía verse la actividad constante de innumerables salvavidas nativos, cuya pericia en el mar aseguraba que ningún turista sufriese accidente alguno. Todos estos salvavidas pertenecían a las familias más tradicionales de Hawai, y una de ellas, formada por los esposos Paoa-Kahanamoku, vivía precisamente en Waikiki. Tenían una sola hija y cinco hijos: David, Sargent, Louis, Sam y Duke, cuyo nombre venía de la visita que el Duque de Edimburgo hiciera a la isla en 1869. Duke Kahanamoku nació el 24 de agosto de 1894 en Honolulu y creció con sus hermanos en Waikiki, nadando como verdaderos peces y corriendo olas con una elegancia y seguridad majestuosas. Aquel joven salvavidas, al que las turistas veían con una extraña mezcla de extrañeza y fascinación, era un hombre excepcional, y estaba destinado a convertirse en uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos.

Cuando la industria turística se consolidó en Waikiki, Duke y sus hermanos fueron contratados como “beachboys”: tenían que pasar más de ocho horas diarias en el agua, atendiendo a los bañistas, vigilando sus torpes movimientos, enseñándoles a tomar una ola y eventualmente, rescatándolos de morir ahogados. Como resultado de este trabajo, los hermanos Kahanamoku se convirtieron en nadadores expertos y en tablistas excepcionales, capaces de crear maniobras cada vez más audaces y elegantes como correr una ola de espaldas a la orilla, pasarse de una tabla a otra en pleno movimiento, avanzar a derecha o izquierda según reventara la ola, y ensayar el popular estilo tamden, que por entonces era practicado en compañía de un perro o , si había suerte, junto a una escultural turista.

Era inevitable que Duke, como George Freeth antes que él, terminara en las playas continentales de la costa oeste de los Estados Unidos. En 1912 fue elegido para representar a su país en los Juegos Olímpicos de Estocolmo, y ganó fácilmente la medalla de oro en los 100 metros estilo libre, convirtiéndose en el nadador más rápido del mundo. Duke pudo mantener este título hasta 1929, cuando su récord fue quebrado por un jovencito de Chicago llamado Johnny Weismuller, quien más tarde se haría famoso en todo el mundo por sus representaciones de Tarzán.

Todos los tablistas del mundo tenemos una deuda con Duke Kahanamoku. De no haber sido por él, la tabla hawaiana jamás habría resucitado pero, ¿cómo pudo hacerlo? ¿Qué fue lo que sucedió cuando Duke Kahanamoku tomó la vieja tabla sagrada y decidió salir a correr olas?

Días de leyenda

Cuenta la historia que Duke Kahanamoku empezó a correr olas en 1910, a la edad de dieciséis años, cuando rescató una tabla de tres metros de largo de un santuario hawaiano. Ya entonces era conocido como uno de los mejores nadadores de la isla, pero su ascenso a la gloria empezó al año siguiente, en 1911, cuando participó por primera vez en competencias de natación y rompió tres récords olímpicos de estilo libre en la bahía de Honolulu. Esta primera hazaña deportiva hizo que el mundo volviera los ojos hacia la figura del joven semidiós hawaiano, quien fue invitado al año siguiente a participar oficialmente en la Olimpiadas de Estocolmo, Suecia. Precedido por una multitud de rumores que lo describían como un hombre pez, Duke llegó a las justas olímpicas de Estocolmo e impresionó al mundo entero al adueñarse de una medalla de oro luego de imponer un nuevo récord mundial de velocidad en la competencia de 100 metros libres, y ganar además una medalla de plata al quedar segundo en la carrera de 4x200 metros en postas. Con estos dos sólidos triunfos, Duke empezó a sentar las bases de su propia leyenda, de hecho, ya era el nadador más rápido del mundo. De regreso a Estados Unidos, distinguió un oleaje favorable y sacó su tabla del barco, pues siempre viajó con ella, e introdujo el deporte de la realeza hawaiana en la Costa Este. Esta sería una de sus primeras acciones como Embajador Hawaiano (título con el que se le conoció en adelante), ya que desde entonces Duke se encargó de divulgar la tabla hawaiana en el mundo. En 1914, lo encontramos en Australia, enseñándole a los jóvenes entusiastas los secretos de las mares y el oleaje, y en 1915, lo hallamos haciendo lo mismo con los jóvenes de Nueva Zelanda. La tabla, que hasta entonces había sido un pasatiempo netamente hawaiano, empezó de esta manera a extenderse por el mundo entero.

A partir de 1915, Duke Kahanamoku se dedicó por entero a divulgar la tabla hawaiana en las costas de California, en donde George Freeth ya había sembrado la semilla de esta nueva pasión. A partir de este momento, Duke viajaría constantemente entre Hawai y California. En 1918, se embarcó en una gira que lo llevó a recorrer todos los Estados Unidos, organizando demostraciones públicas de natación con el propósito de reunir fondos para ayudar a la incursión norteamericana en la Primera Guerra Mundial. Poco a poco, su fama iba rompiendo las fronteras, y el nombre de Duke Kahanamoku empezaba a hacerse sinónimo de la fortaleza y vigor de los hombres de Hawai.

En 1920, Duke recibió personalmente la visita del Príncipe de Gales, quien viajó exclusivamente a Hawai para conocerlo. En esta ocasión, Kahanamoku se encargó personalmente de enseñarle al Príncipe los secretos del arte de correr olas, y luego de una prolongada estadía, el joven heredero de la corona de Gales declaró que había pasado los momentos más gratos de su vida. La tabla, el pasatiempo de la antigua realeza hawaiana, empezaba a seducir a los miembros de la realeza europea. A partir de ese mismo año, Duke empezó a luchar para lograr que la tabla hawaiana sea admitida como una disciplina olímpica, tomando conciencia del eminente destino deportivo que este deporte tenía reservado en el futuro. Las autoridades olímpicas no le prestaron mucha atención, así que en las Olimpiadas de Antwerp, celebradas en 1920, Duke se concentró en las competencias de natación y obtuvo dos nuevas medallas de oro, en la competencia de 100 metros libres y en la competencia de 4x200 metros en postas. Duke tenía 30 años y se reafirmaba como el nadador más veloz y resistente del mundo. Luego de esta impresionante victoria, Kahanamoku fue llamado a participar en el rodaje de una película en Hollywood, impresionando de tal manera a los productores que logró participar en la realización de treinta largometrajes entre 1922 y 1930. En esos días, empezó su rivalidad deportiva con Johnny Weissmuller, quien le arrebató la medalla de oro en los 100 metros libres en las Olimpiadas de París, celebradas en 1924. Esto no impidió que se hicieran grandes amigos, ni tampoco que Duke obtuviera la medalla de plata en dicha competencia.

En 1925, Duke Kahanamoku fue aclamado como héroe nacional en Estados Unidos luego de rescatar a siete pescadores cuya lancha se había volcado en la entrada al puerto de Newport. Venciendo el descomunal oleaje que hundió la lancha, Duke salvó las vidas de los siete pescadores en un acto de heroísmo nunca antes visto. De esta manera, Duke establecía una larga y fructífera relación que haría de los tablistas del mundo una raza de salvavidas por naturaleza.

En el año de 1929, durante una gigantesca crecida que desató la furia del mar de Hawai, Duke realizó una hazaña mítica al atrapar una ola descomunal mar adentro en Waikiki y establecer la más larga distancia alguna vez corrida sobre una tabla hawaiana: además de ser el nadador más veloz del mundo y el Embajador Hawaiano, Duke se convertía de esta manera en el padre de todos los corredores de ola grande.

En 1932, cuando Duke tenía 42 años, participó en la Olimpiadas de Los Angeles y se adjudicó una medalla de bronce compitiendo junto al equipo de water polo de los Estados Unidos. Dos años después, Duke fue elegido Sheriff de la Ciudad y el Estado de Honolulu, cargo en el fue renovado al menos una docena de veces. En 1940, a la edad de 50 años, Duke contrajo matrimonio en Big Island con una bella mujer llamada Nadine Alexander.

Las hazañas de Duke ya lo habían convertido en una leyenda viva, y de todas partes del mundo llegaban a Hawai personas que, interesadas en aprender los rudimentos de la tabla hawaiana, tuvieron el placer de conocerlo en persona. Uno de ellos, por supuesto, fue el peruano Carlos Dogny Larco, quien aprendió a correr olas gracias a Duke y que, gracias a la tabla que éste le vendiera, pudo introducir el nuevo deporte en Perú y Sudamérica.

En 1956, Kahanamoku viajó a las Olimpiadas de Melbourne como representante oficial. En 1960, fue nombrado con el cargo de Embajador Aloha de Hawai, cuando las nuevas leyes norteamericanas consideraron oportuno descontinuar el cargo de sheriff. Tres años después, regresó a Australia, esta vez como jurado de competencias de tabla. En 1964, recibió los honores de Huésped oficial en las Olimpiadas de Tokio y al año siguiente, se convirtió en la primera persona en ser incluida en el Salón de la Fama de la Natación y en el Salón de la Fama de la Tabla Hawaiana. Ese mismo año, se organizó en Hawai el Primer Campeonato Duke Kahanamoku, realizado en Sunset Beach, evento que se convertiría en una competencia anual que reúne a los mejores exponentes de la tabla mundial, como nuestro representante Felipe Pomar.

En 1968, Duke Kahanamoku murió en Waikiki, a la edad de 77 años, y sus cenizas fueron ofrecidas a las aguas del mar siguiendo un viejo ritual hawaiano. Su espíritu, sin embargo, sigue reinando en todas las rompientes del mundo donde se practica la tabla hawaiana.

Autor: Óscar Tramontana Figallo – Fragmento del Capítulo 6 del libro “Cinco mil años surcando olas”.

 

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