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Mark Richards: El vuelo de la gaviota herida

Aunque pudiera parecerlo, Mark Richards no nació entre las olas, sino en la ciudad de New Castle, en Australia, en 1957, hace, por tanto, unos cuarenta y tres años. Su casa está encima de la tienda de surf de la familia. Desde su habitación ve el puerto y desde la ventana de la cocina un árbol solitario le ayuda a adivinar la dirección del viento. Mark Richards es feliz en New Castle, una ciudad industrial cercana a Sidney, donde, dice, hay cuatro chicas para cada chico. 

Su padre, Ray, muy aficionado a la playa, decide un día dejar su negocio de venta de coches. Fue cuando las Olimpíadas de Melbourne. Una embajada de surfistas californianos demuestra en Australia qué estaba ocurriendo con el surf en los Estados Unidos. Ray se convence de que su futuro está en la industria del surf. El señor Richards decide comenzar importando tablas de balsa y malibús de foam. Eso explica que Mark recibiera su primera tabla, de Gordon Woods, tipo Malibú, siendo sólo un niño. 

Mark, admirador de Nat Young, tenía claro que lo suyo eran las olas, pero además el apoyo de sus padres es fundamental. Su madre Val le llevaba a la playa después de la escuela. Su verdadero aprendizaje lo desarrolla en Greenmount Point y Rainbow Bay, en Queensland, Gold Coast, adonde sus padres iban de veraneo. A los doce años se apunta a un club de surf y empieza a competir. Con catorce años queda campeón junior de Australia. Él dice que sólo dejaba las clases cuando las olas eran muy buenas. Pero tras una trayectoria correcta en los estudios Mark se atranca en la High School en quinto curso. Visto lo cual en 1973 su padre decide darle un año de margen. Y Mark pasa a ayudar a su padre en la tienda. Claro que ya había estado antes en Hawaii. Desde entonces Mark Richards aplica el lema "Surf todos los días, por la mañana y por la noche".

El año siguiente, 1974, es un mal año de campeonatos pero en 1975 consigue ganar el Smirnoff. En total Mark Richards ganaría cuatro veces seguidas el título de campeón del mundo. Los años 1979, 1980, 1981 y 1982. En 1979 lo ganó a pesar de que sólo concurrió a nueve de las trece pruebas puntuables. Ganó cuatro de las pruebas y obtuvo buenas sumas en la segunda y en las cuartas plazas restantes. 

Además ese año ganó el memorial Duke Kahanamoku, fuera de puntuación. Esa temporada ganó unos 25.000 dólares en premios. Todo un récord entonces. Ridículo si lo comparamos con los presupuestos actuales. Fue el primero en poder vivir de las competiciones de surf. Su predecesor, ShaunTomson, se quejaba de haber obtenido pérdidas el año que logró la corona. Mark en cambio ya se paseaba en un Porsche en calidad de triunfador. Pero no todo fueron alegrías. Él recuerda el 10 de diciembre de 1979 como un día penoso y es que tuvo que arreglárselas para competir en la misma mañana en el Smirnoff y en el Pipe Masters. El profesionalismo estaba sólo en sus inicios, y este detalle lo demuestra.

Mark Richards es protagonista de una evolución de las tablas que culmina con la thruster de Simon Anderson. Comienza sus andanzas con un Malibú y sigue luego con una Midget, tipo de tabla revolucionario para la época. Con las twin primeras se arregla durante cinco años pese a que presentaban serios defectos, y vuelve a las singles durante tres años con una stinger de Ben Aipa. Usó también tablas pequeñas de Nat Young , de Terry Fitzgerald y de Geof Mc Coy, quien arrasaba en la costa central con los últimos diseños de California: las twin fin acabadas en cola de fish. Pero es el diseño que llevó a Reno Abellira a ganar en Bells el Coke Contest el que supone un giro fundamental en su carrera y le lanza al estrellato. Y aprende a modelar las tablas con Dick Brewer, su maestro, de modo que los dos meses que pasó con él en Hawaii son vitales para la fórmula de la tabla de dos quillas que le encumbró. Mark usó estas tablas en olas pequeñas en Hawaii y las tablas de una quilla de Brewer y Parrish más algún stinger (tabla con cola terminada en aguijón) de Ben Aipa para las olas grandes. Pero el sistema de andar cambiando no le convencía. Era difícil acostumbrarse a pasar de dos quillas a una quilla según el tamaño de las olas, y ello repercutía en sus resultados en competición. En 1979 las twin de Richards han revolucionado el surf en olas pequeñas. Su reto es conseguir que funcionen también en olas grandes, es una obsesión para él. Pero no consigue dar con la fórmula, pese a los intentos. ¡Usó tablas de dos quillas de 6'10'' en Sunset! Pero aquello no andaba. Se corre el rumor de que estaba teniendo problemas de equipo y él sigue probando. Entra ahora en Sunset con twin fins más pequeñas, de 6'6'', lo cual era ridículo, según ha reconocido más tarde. El año siguiente se decide a usar dos tablas de una quilla para Hawaii, de 6'8'' y 7'4''.

Su estilo, según Nat Young, era raro pero efectivo, la pierna de atrás algo doblada y como en posición de esquí, y los brazos desplegados. Sus colegas de los campeonatos de categoría junior le bautizaron por ello como wounded seagull, gaviota herida. Preguntado sobre el porqué de su peculiar estilo responde que sencillamente proviene de la ejecución de los movimientos que le gusta ejecutar en la ola. Movimientos radicales en situaciones extremas. Ésa es su clave. Mark Richards aporta a la historia del surf un nuevo objetivo de domar a la ola, de humillarla casi. Él es de un momento en que deja de estar bien visto el dejarse llevar por la ola. Y la técnica del surf y la calidad de las tablas permiten desarrollar ya esa idea. Gerry López y Shaun Tomson, y otros, le preceden en ello, pero en el surf de Mark Richards se constata ya claramente las bases del surf de hoy. Dominar la ola, jugar con ella. Richards lo que quiere es arrasar la ola. 

Dejarse caer desde el labio con ganas de destrozarla. Esa actitud la estaban valorando ya los jueces con lo que el triunfo está al alcance de su mano. " No me gusta ir todo derecho", es su sencilla norma, aunque en Off the Wall sepa hacer el clásico bottom turn antes de inmolarse en la terrible pared. Y es que no debemos olvidar que también supo ganar en Waimea, y que sus poses clásicas constituyen las estampas de surf más bellas que conozco.

Hawaii es algo importante en la vida de Mark. Con quince años, en 1972, hace su primer viaje a las Islas. Pero curiosamente su spot favorito es Haleiwa. No en vano mantuvo una relación atípica con los surfistas hawaianos. Mark Richards adoraba Hawaii y por eso llegaba antes de la temporada de competición y se quedaba un tiempo después de que hubieran acabado los campeonatos. Por eso los locales no le identificaban con la actitud entre aldeana y hostil de Ian Cairns y Rabbit Bartholomew, que iban a lo suyo, y siempre en manada. Richards a menudo pasaba de spots más populares y se daba buenas sesiones en Laniakea o Haleiwa: "De vez en cuando" decía "es bueno hacer surf por placer y no estar todo el rato pendiente de si me habrán sacada una foto de ese giro o ese otro". Por ello es significativa esta anécdota: en 1975 los Aikau convocan una reunión para hablar de los problemas del surf en Hawaii. Aparece Mark can su aspecto despistado y Eddie Aikau le invita a presidir la reunión, en la silla entre él y su hermano Clyde. "Todo el mundo sabe lo bien que hace surf Mark Richards, pero no lo va diciendo por ahí." Los había cautivado con su actitud tan poco agresiva, tan de las islas. Y es que ya decía: "tengo más amigos en la Coste Norte de Oahu que en cualquier otro sitio del mundo".

Mark Richards fue además un shaper, un diseñador que aprovechó su éxito deportivo para que sus diseños se fabricasen y vendieses por todo el mundo. Pese a que él tardaba seis horas en modelar cada tabla, las plantillas con sus diseños permitieron fabricar miles de tablas con su famoso logotipo por todo el mundo, dedicándose a realizar un férreo control sobre el producto final. Todo un avance en la industria del surf.

Apenas hay noticias hoy sobre Mark Richards. Sólo que este verano del año 2000 ha estado en Europa por primera vez. La reunión de "longboard" que todos los años se hace en Biarritz fue celebrada en su honor. Se retiró, dicen que por alguna lesión de rodilla, secuela de sus maniobras. Tampoco es difícil pensar que la vida de los Campeonatos terminara por aburrir a alguien que pese a dominar la competición se las arreglaba para pasar seis meses al año en casa. También puedes pensar, si te resulta más romántico, que las tres quillas terminaron con él, como el sonido grabado terminó con algunos actores del cine mudo.

(Fuente: http://www.euskalnet.net/txerry/lugares/surf/mr1.htm)

 

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